OBRA: COMO EN LAS PELICULAS
PERSONAJES
ANA: MADRE
HORACIO:
PADRE
SOFIA:
HIJA.
MENSAJERO.
En la
escena hay un televisor aún no encendido, un teléfono inalámbrico, y elementos
que hacen a lo cotidiano de una familia. Una mesa de comedor, sillas y un sillón
sofá frente al televisor. Un perchero. Una mochila de colegio.
La
escena transcurre en un comedor, en la mesa está sentada Ana, madre de Sofía y
esposa de Horacio, está frente a una notebook gestualmente inmiscuida en redes
sociales.
Frente
a otra computadora se encuentra Sofía, adolescente, mayor de dieciséis años,
con auriculares puestos, conversa en chat mientras escucha música. Tiene aún
colocado el uniforme de colegio privado.
Durante un tiempo todos se comunican
monosibálicamente, con cierto trato no afectivo provocado porque se encuentran
absorbidos en su propia comunicación tecnológica.
Los
personajes hablan sin dejar lo que están haciendo.
ANA: Hija, qué hacés con el uniforme puesto.
(Sofía no la mira ni la escucha)
Desde el exterior visiblemente apurado llega Horacio, deja el abrigo
en el respaldo de la silla, enciende el
televisor, se escucha claramente que es un partido de fútbol. El volumen se oye
alto.
HORACIO:
Hola…
SOFÍA: (Enojada) ¡Bajá un poco que me tapa la
música!
HORACIO: (A desgano, baja el volumen)
PAUSA
ANA: (Sin levantar la vista) Pedí un pollo con
fritas… lo mandan a las nueve y media…
HORACIO:
Está bien…
PAUSA
ANA: (Abstraída en su laptop) ¿Cómo te fue?
HORACIO: (Abstraído en la televisión)¿Con qué?
ANA: Allá…
HORACIO:
Allá dónde…
PAUSA
ANA:…
¿dónde qué?
HORACIO:
¿dónde qué qué?
ANA:… nada
(larga una carcajada por lo que supuestamente
sucede en la computadora)
PAUSA
HORACIO: uhhh…. Que hijo de p.... ¿Cómo le va a errar
así?
PAUSA
SOFÍA:
Canta fuertemente parte del estribillo de la canción que está escuchando,
desafinada por no escucharse.
PAUSA
ANA: (Sorprendida) ¡¿Por qué pusiste eso,
Sofia?!
SOFIA: ¿De
qué hablás?
ANA: Esto
que pusiste en facebook…
SOFIA: ¿El
qué?
ANA: Pusiste:
“Ya no se puede confiar en nadie, todos te desfraudan”
SOFIA:
Cosas mías.
ANA:… No
sé, no me parece bien…
SOFIA: El
qué…
ANA: Que
todo el mundo se ande enterando…
SOFIA: Todo
el mundo no, mis amigos…
ANA: Es lo
mismo Sofía, cuando uno dice todo el mundo, obviamente se refiere a todos los
que nos conocen.
SOFIA: ¿Y a
vos qué te preocupa? Dejame de joder, querés…
ANA:
Cuidadito con lo decís, qué todavía vivís en esta casa, ¿eh?
PAUSA
HORACIO: (Se acomoda para tirarse un pedo, y luego se
alivia)
ANA: (Por primera vez lo mira y tomando un
encendedor de la mesa se lo arroja)
HORACIO:
Eeeeeh, ¡Estás loca!
ANA: ¡Qué
cerdo de mierda!
SOFÍA: (Sacándose los auriculares) ¿Qué pasó?
ANA: …Nada…
PAUSA
Se oye que
afuera está por llover y se notan algunos relámpagos
PAUSA
HORACIO: Va
a llover…
ANA: ¿Y?
HORACIO:
¿Tendiste ropa?
ANA: (No contesta)
PAUSA
HORACIO. (Mira a Sofía) Saliste de la escuela a la
una de la tarde y todavía no te cambiaste Sofía…
SOFIA:
Vuelve a cantar la parte de una canción.
HORACIO (Se para como si fuera a pasar algo
importante el partido y luego se toma la cabeza)
PAUSA
(Suena el teléfono de línea)
ANA: Atendé
Horacio…
HORACIO: Es
tu vieja…
ANA: ¿Cómo
sabés?
HORACIO:
Intuición masculina… Además de que tu vieja nunca falla…
ANA: Atendé
vos y me pasás…
HORACIO: (Se levanta y atiende molesto, sin dejar de
mirar el televisor) Hola… Carmen… bien, bien… le doy…
ANA: (No se levanta)
HORACIO:
Ana… tu vieja…
ANA: (En voz baja) Mi madre… mi vieja, no… mi madre… viejo son
los trapos…
HORACIO: tu
madre entonces…
ANA: Alcanzámelo…
HORACIO: (Llevando el teléfono) ¿no querés que te
haga masajes mientras hablás?
ANA: (sin dejar de mirar la laptot, interactuando
con la red social) hola ma… todo bien… tu nieta ahí está… metida en la
computadora… ya ni le conozco la voz, mirá… basta mamá… vos dejame a mí que yo
sé cómo hacer las cosas… si… sí va a llover… ¿que tenga cuidado?... sí… (fastidiada) tengo techo de chapa pero
está bien clavado, mamá… bueno… sí, mamá… nos vemos… (corta)
(La lluvia parece acrecentarse, se siente que hay
viento, comienza un temporal)
PAUSA
(Se apaga toda la luz de golpe, quedando oscuro
y se siente luego el sonido estridente de un rayo.)
PAUSA
ANA: ¡Ay
Dios mío!
SOFIA: ¿Qué
pasó?
HORACIO:
¿Tenés el encendedor a mano?
ANA: (Alumbra con el celular)
HORACIO:
Fue un rayo, ya vuelve enseguida… seguro…
SOFIA (Alumbra con su celular)
(Sofía se sienta en la mesa. Horacio va hacia
la puerta y la abre.)
HORACIO:
Está todo cortado, no se ve nada… tiene que haber caído cerca porque nunca
escuché semejante sonido…
(Los
tres se acomodan en la mesa con los dos celulares encendidos.)
HORACIO: (Tomando el teléfono inalámbrico) Voy a
llamar a Edén, a ver que pasó.
ANA: ¡Pero
ni llamés, no te van a atender, ya lo deben tener descolgado!
HORACIO: No
importa, la empresa tiene que atender (mira
el telefóno que parece no funcionar, va hasta la fuente y recuerda que es
inalámbrico) ¿Te dás cuenta? Esta mierda no anda si no hay luz, por qué no
los hacen como antes que se cortaba la luz y los aparatos funcionaban. Prestame
el celular.
ANA:
¡¿Cómo?! ¿No era que los celulares son para complicarnos la vida?
HORACIO:
Tené un jefe como el mío y vamos a ver si te sigue gustando tener celular…
(Sofía comienza a jugar con su celular, Ana le
presta el suyo a Horacio.)
HORACIO:
¿Qué hacés Sofía?
SOFIA:
Juego.
HORACIO: (Marcando el número de la Empresa de energía)
Prendé un par de velas Ana, que estas cosas no alumbran nada…
ANA: Dejá
de jugar y alumbrame que vamos a buscar las velas a la cocina Sofi.
HORACIO: (Marcando en el teclado del celular
intermitentemente) ¿¡Número de pin!?, ¡Se corta la luz, no se ve una mierda
y estos hijos de puta te piden el número de pin! (Sigue marcando mientras escucha) ¡Noooo, la concha de tu madre!
¡Quiero hablar con alguien, no quiero una encuesta! (Ofuscado tira el celular violentamente con la intención de apoyarlo en
la mesa pero se desliza y cae al piso, la oscuridad es completa y Horacio se
lamenta)
(Vuelven
Ana con dos velas encendidas y Sofía con el celular, las acomodan sobre la
mesa)
ANA:
¿Hablaste?
HORACIO: (Colocando el celular en la mesa) No… ya
no hay seres humanos en las empresas, todos mensajes grabados…
ANA: Dejame
que llamo yo, que soy más tranquila…
HORACIO:
No, para qué, dejalo…
ANA: Dame…
(Mira el celular e intenta que funcione)
HORACIO:
¿Qué pasa?
ANA: No sé,
no anda… ¿Se te cayó?
HORACIO:
¡Pero, no! Seguro se te acabó la batería
ANA: ¿Cómo
se va a acabar si lo cargué anoche y todavía tenía cinco rayitas?
HORACIO:
No… no sé… hablé y corté… nada más.
ANA: Dame
el tuyo, Sofía.
SOFIA: Ufa
mamá…
ANA:
¿Cuándo cargaste este celular?
SOFIA: El
viernes ¿por?
ANA: ¿Pero no te das cuenta que no tenés nada
de batería?
SOFIA: Y cuál es el problema, lo cargo y listo…
ANA: No, mejor no llamo, no lo usés más, a ver
si todavía tenemos una emergencia…
SOFIA: ¡Mamá! ¡Con los juegos no se gasta mucha
energía!
ANA: Dejá el teléfono en la mesa y esperá que
vuelva la luz.
HORACIO: ¡Mirá cómo llueve… esto no para más…!
SE SIENTAN EN LA MESA A LA LUZ DE LA VELA Y
DURANTE UNOS MINUTOS NO SE HABLAN; MUESTRAN IMPACIENCIA Y ABURRIMIENTO.
Se sientan en la mesa
a la luz de la vela y durante unos minutos no se hablan, muestran impaciencia y
aburrimiento.
Golpean a la puerta y
se sobresaltan.
ANA: ¿Qué hora es?
HORACIO: (Acercando el reloj a la
vela) las ocho…
ANA: Yo el pollo lo pedí para las nueve y media, no puede ser
HORACIO: ¿Y quién puede ser?
Golpean nuevamente la
puerta
ANA: No abras, puede ser alguien que viene a robarnos…
HORACIO: Pero no seas paranoica, para que los chorros laburen con este
temporal tienen que querer afanarse un banco, no a nosotros que no tenemos
donde caernos muertos..
ANA: No abras igual.
HORACIO: Dejame preguntar por lo
menos (toma una vela encendida de la mesa
y se acerca a la puerta) ¡¿Quién es?!
DE AFUERA: Mensajero, señor…
HORACIO: (En voz baja, asombrado)
¿Mensajero? ¿Ya trajo el pollo?
ANA:(En voz baja) Pero el que trae el pollo es un delivery, no
un mensajero…
HORACIO: ( A la puerta, en voz
alta)¿Usted quiere decir que es un delivery?
DE AFUERA: Cómo quiera señor, mensajero, delivery, chasqui o si lo
prefiere: el boludo que se está mojando…
HORACIO: (A la puerta en voz alta)
pero vino temprano…
DE AFUERA: ¡Ah, pero esto es increíble! ¡Toda la vida quejándose porque
llegamos tarde y una vez que llego temprano!…
HORACIO: (En voz baja) ¿Dónde
pediste el pollo, en lo de Tancredi?
ANA: Cómo siempre…
HORACIO: Qué viejo papanata, no puede calcularle nunca bien….
ANA: Y abrí… no lo hagas esperar, pobre hombre…
HORACIO: (Antes de abrir contesta
enojado) ¡El “pobre hombre” es el mismo que te iba a afanar hace un minuto!
El mensajero pasa
vestido con ropa impermeable de lluvia, trae un paquete en la mano, envuelto en
nylon
MENSAJERO: ¡Qué manera de llover! Pensé que no iba a llegar!
HORACIO: (Tomando el paquete)
¿Cuánto es?
MENSAJERO: (Sacándose el abrigo)
Espere… (Buscando donde poner el piloto,
señalanda un perchero) ¿Lo puedo poner acá?...
ANA: (Perpleja) ¿Se queda? ¿No
tiene que seguir repartiendo?
MENSAJERO: ¿Qué pretende? ¿Qué nade? Mire afuera, el tiempo está
imposible…
Horacio pone el
paquete y la vela en la mesa, luego el mensajero se siente sin pedir permiso.
(EL MENSAJERO ES UN PERSONAJE
SARCÁSTICO, IRONICO, OSADO)
MENSAJERO: ¡Mamita querida! Qué tiempo… ¿el pronóstico no daba lluvia
para mañana?
HORACIO: A veces se adelanta…
MENSAJERO: No, qué se va a adelantar, lo que pasa que los noticieros dan
los pronósticos de Buenos Aires como si fueran los del todo la zona, esta misma
tormenta es la que mañana va a caer en Capital…
ANA: Ahora,
yo le hago una pregunta, ¿usted siempre es así?
MENSAJERO:
¿Así cómo?
ANA: Entra
a una casa, no pide permiso, no pide por favor, se sienta sin que lo inviten.
MENSAJERO:
(Se para de la silla y con actitud
sincera) Discúlpeme…discúlpenme todos por favor… siempre me dicen que son
ustedes una familia muy cordial, muy amable y, le voy a confesar, siento que
los conozco hace años…
HORACIO: Lo
único que falta es que quiera quedarse a cenar…
MENSAJERO:
No, amigo, prefiero comer tranquilo en casa, pero créanme que hice un gran
esfuerzo en llegar aquí… encima viven en calle de tierra y no todo el mundo se
anima a hacer lo que hago yo…
PAUSA
MENSAJERO:
Ahora, me extraña que no sean tan hospitalarios, que educación va a aprender
Sofía de ustedes como padres… no le quieren ayudar a un pobre mensajero
sacrificado…
HORACIO:
¿Cómo sabe el nombre de mi hija?
MENSAJERO:
¡Vamos, amigo! A esta altura nos conocemos todos… Usted se llama Horacio, ella
se llama Ana, (con acento italiano)
¡la famiglia Rozzeti!
ANA: No me
gusta mucho su insolencia, me parece que se está desubicando…
MENSAJERO:
Discúlpeme, discúlpeme, a veces hablo mucho, me lo dicen todos…
PAUSA
MENSAJERO:
Ahora de verdad yo creí que ustedes eran más amables, se ve que se me ha
quedado la familia Rozzeti de hace quince años, porque no me esperaba este
trato…
HORACIO:
Mire, yo no sé lo que le pasa pero si a usted no le gusta puede irse… aquí no
está obligado a quedarse… a parte me está impacientando…
MENSAJERO:
Espero que vos Sofía, cuando tengas hijos, les enseñes a ser amables y
solidarios…
HORACIO: (Se para de la silla, enojado) Oiga ¡qué
le pasa!
El mensajero levanta los brazos en actitud
defensiva.
MENSAJERO:
¿Ustedes ya van a cenar?
ANA: No, es
temprana, siempre lo hacemos después de la nueve, más o menos nueve y media…
HORACIO: ¿Y
usted no tiene que seguir trabajando?
MENSAJERO:
¡¿Con este tiempo?! ¡Por favor! Nada en la vida es tan urgente, haremos un
parate forzado… ¿Me parece que alguien tiene que contar algo, no?
HORACIO:
¡De qué habla!
MENSAJERO:
No se ofusque, es lo que me dijeron…
HORACIO:
¿Quién le dijo qué?
MENSAJERO:
No se haga el distraído…
ANA: ¿De
qué habla?
HORACIO: (Amenazante) Yo no puedo creer que esté
soportando esto… ¡¿Usted está loco?!... ¡¿Tiene un problema neurálgico?!
MENSAJERO:
Tranquilo… tranquilo… hay que tomar las cosas con calma…
HORACIO: (Ataca al mensajero) ¡Con calma le voy a
partir la cabeza en dos!
Ana se interpone entre los dos y quedan en
silencio, comienza a escucharse el llanto de Sofía que tiene la cabeza
escondida sobre sus brazos
ANA: (Conmovida y preocupada) ¿Qué te pasa,
Sofi?
HORACIO: No
te asustes hija, no va a pasar nada, este hombre ya se va…
MENSAJERO:
Si usted lo prefiere…
ANA: No te
asustes hija, es un hombre pesado, nada más…
SOFIA: (Llorando) no lloro por eso…
MENSAJERO:
Tan gordo no estoy…
ANA: ¿Qué
te pasa? ¿Te duele algo?
SOFIA: No…
ANA: ¡Ay
por favor, querida, no me asustés!
PAUSA
SOFIA:
Estoy embarazada… (llora)
PAUSA
HORACIO: (Angustiado) ¿qué dijo?
ANA: No…
debe estar confundida… (abrazando a Sofía)… a ver hija, levantá la cabecita…
creo que no escuchamos bien…
SOFIA: (Llorando) Estoy embarazada... voy a
tener un bebé…
HORACIO:
¿¡Qué cosa dice esta chica!?
MENSAJERO:
(Hace señas dibujando una panza en su
propio vientre) fue clarita, me parece… digo
HORACIO:
Hija, eso es imposible, tenés apenas diecisiete años… es imposible…
ANA: ¿Por
qué decís eso, Sofi? ¿de dónde sacaste eso?
MENSAJERO:
¿Le explicaron ustedes como es la cosa?
Los tres los miran en silencio
MENSAJERO:
Lo de la semillita que el papá le pone a la mamá y entonces crece una plantita
que luego se transforma en una plantita…
ANA: (Enojada) ¡Toda la vida le hablé a mi
hija sobre eso! ¡No se meta!
MENSAJERO:
Si le hubiese dicho que no era una semillita… sino que era un tronco bien
desarrollado…
HORACIO:
Pero escúcheme, ¿usted no se da cuenta la situación que estamos viviendo? No hable
más porque lo saco a patadas por la puerta…
ANA: Hija,
hablá por favor, ¿por qué decís que estás embarazada…?
SOFIA: Me
hice un test de embarazo…
ANA: ¿Y?
SOFIA: ¡Dos
rayitas! ¡positivo!
HORACIO:
¡Pero hija, para quedar embarazada, tendrías que haber tenido relaciones con
alguien!
SOFIA: (Llora)
HORACIO:
Estás equivocada hija, calmate y pensá con claridad… es imposible quedar
embarazada si no tenés una relación sexual, lo de la semillita es una metáfora…
MENSAJERO: (Irónico) Ja, flor de metáfora… dotada
la metáfora…
SOFIA: (Llorando y sacando el test de embarazo de la
mochila y poniéndolo a la luz en la mesa) Estoy embarazada papá… los test
no fallan… me lo dijo Romina…
PAUSA
HORACIO: (Dudando) ¿orinaste vos en el test?
¿estás segura?
SOFIA: Sí,
papá…
HORACIO: (Tomándose la cabeza) ¡¿Por qué? ¿Por
qué?!
MENSAJERO:
Porque tiene que orinarlo la persona que cree que está embarazada, supongo.
Horacio quiere pegarle y Ana se interpone
ANA:
Tuviste vómitos.
SOFI: No,
pero a veces me mareo… y tengo náuseas…
ANA:
Mostrame la panza
SOFI: (Se acerca y levanta su ropa)
ANA: (Se horriza) ¡Ahhhhh!… ¡Tiene la
formita!
HORACIO: (Tomándose la cabeza) ¡Dios mío! ¡Qué
vuelva la luz, urgente! ¡La puta madre que lo parió! ¡Esto es una pesadilla!
ANA: Calmate,
Horacio…
HORACIO:
Pero si hoy tenía que ser un día normal, llegar del trabajo, mirar el partido,
tomar un gancia, cenar un pollo con fritas, bañarme y acostarme… ¡La puta
madre! ¿Decime quién es el padre? ¿Decime, por favor, Sofía?
SOFIA: (Llora) … No sé…
HORACIO:
¿José? ¿Qué José?
SOFIA: Qué
no sé… ¡no sé!
HORACIO:
¿Te violaron?
SOFIA:
Noooo
ANA:
Horacio, por favor, dejala que cuente…
SOFIA: Fue
en Bariloche…
MENSAJERO:
¡Cuando no!
ANA: ¿Con
quién?
SOFIA: No
sé… dije que no sé…
HORACIO: Este
tal “Nosé” ¿de dónde es?…
SOFIA: Creo
que del norte… pero no recuerdo… Romina dice Tucumán, Paula Catamarca… y yo
pensé que era de Jujuy…
SOFIA: No
te preocupés papá, era rubio, de ojos claros (llora)
ANA: ¿Te
enamoraste?
SOFIA: Pero
mamá… si apenas lo conocí esa noche…
HORACIO:
¿Pero no le pediste el teléfono, no conversaron ni siquiera?
MENSAJERO: (Sarcástico) No tuvieron tiempo…
Horacio, Sofía y Ana ya no reparan en los
comentarios del mensajero
SOFIA: Yo
creo que es de él porque el otro chico usó preservativo.
HORACIO: (Congelado, inmóvil)
ANA: (Se sienta en la silla) me baja la
presión…
HORACIO: ¿Qué
otro chico?
SOFIA: Un
pibe de La Plata, pero tampoco sé quién es…
HORACIO: (Casi llorando) Mi hija es una puta… mi
hija es una puta… ¡Dios, qué hicimos mal! ¡Le dimos todo!
MENSAJERO (Le pega una cachetada a Horacio)
¡Hombre! No diga cosas de las que luego se va a arrepentir…
HORACIO: (Sorprendido) Pero… traeme la escopeta
Ana, que voy a matar a este tipo… ¡Traeme ya!
ANA:
Horacio… calmate…
PAUSA
Horacio se sienta
MENSAJERO:
Tranquilo hombre… ¿Acaso nunca vio esa película, Secretos y Mentiras?
ANA:
¿Secretos y mentiras?
MENSAJERO:
Es una película inglesa, en parte trata sobre una mujer negra… “de color” como
dicen algunos, de unos veintipico de años, de clase media, cuyos padres
adoptivos fallecen…
ANA: ¿Era
adoptada?
MENSAJERO:
Claro, por ese motivo decide averiguar quiénes son sus padres biológicos. Bueno
en Inglaterra hay un registro de adopción y la persona adoptada, cuando es adulto,
tiene derecho a conocer quiénes fueron sus padres. Pero en el registro le aclaran
que solo consta la identidad de su madre. Allí le dan el número de esa mujer que
vive en un barrio de la clase obrera inglesa.
ANA: Pobre.
MENSAJERO:
Bueno, no la pobreza como la entendemos nosotros, estamos hablando de un país
encuadrado en el primer mundo. Vive en una casita modesta pero no en un rancho
de chapa…
ANA: Claro.
Siga, me gustan las películas… bah, me gustaría vivir como en las películas.
MENSAJERO
Sigamos, la mujer negra, entonces, la llama por teléfono. Esperen…
El mensajero toma de los hombros a Ana y la
coloca en otro lugar de la escena, la observa y asiente.
MENSAJERO:
Así está bien.
ANA: ¿Así
está bien, qué?
MENSAJERO:
Es una cuestión de equilibrio con el espacio, bueno… sigo… cómo decía, la mujer
negra la llama por teléfono, a madre atiende y escucha que la mujer del otro
lado le explica que la está buscando porque cree que es su madre, primero le
corta abruptamente sobresaltada, por la reacción es evidente que puede ser
cierto, luego la mujer negra vuelve a llamarla, y como ella tiene curiosidad
por conocerla quedan en verse en un bar.
ANA: A ver
si entendí bien, ¿la hija es negra?
MENSAJERO:
Sí… negra africana…
ANA: Y la
madre es rubia...
MENSAJERO:
Claro.
ANA: ¿Y ya
lo saben?
MENSAJERO:
No, ninguna de los dos se lo imagina… pero no se adelante… pactan el encuentro
en un bar…la mujer llega al bar y se sienta en una mesa, pero ella cree que su
madre no va a venir, pues en el bar hay solamente una mujer rubia… bueno en
realidad no recuerdo quién llegó primero, pero lo que sí es que de pronto las
dos, la madre blanca y la hija negra están sentadas en la misma mesa y la hija
le muestra los papeles donde consta que es su hija, pero la mujer rubia le
explica que no puede ser: que ella no es racista pero que jamás había estado
con un hombre negro…
ANA:
Entonces no era la madre…
MENSAJERO:
La madre se queda pensando, recuerdo bien esa escena, con el cigarrillo en la
mano, y en cuestión de segundos la cara se le transforma, es evidente que recuerda
algo y rompe en llanto, le pide perdón y le cuenta que había estado con un
hombre negro sólo una vez pero no imaginaba que podría haber sido de él.
ANA: ¿Pero
si estuvo con un negro el bebé no tendría que ser color café con leche?
MENSAJERO:
No, tiene que ver con quién tiene los genes más puros en la pareja, y parece
ser que el negro era puro… pero no es lo único interesante en la película, la
mujer rubia tiene dos hijos, un varón que es fotógrafo y al que apenas ve
porque tiene una pésima relación con su nuera, y una chica joven, casi
adolescente, que vive con ella.
SOFIA: ¿Y
por qué se llama Secretos y Mentiras la película?
MENSAJERO:
Bueno, todos tienen su secretos y sus mentiras, el hijo varón, quien siempre
está tratando de componer las relaciones, decidió invitarlos a todos a un
almuerzo de domingo, creo que era su cumpleaños…
HORACIO:
¿Usted cuenta películas que apenas recuerda?
MENSAJERO:
Es que uno recuerda lo importante… no importa si era un cumpleaños o no, la
cuestión es que se reunieron…el fotógrafo es un personaje de unos treinta y
pico de años que se desvive para que la gente que el retrata sonría y sea
feliz, al menos en el momento que saca la foto, pero luego cuando llega a su
casa apenas puede comunicarse con su esposa que parece estar muy triste. Cuando
llega el día del almuerzo la mujer rubia le pregunta si puede ir con una amiga,
imagínense las caras de los demás, del fotógrafo, su mujer, la hija y el novio,
cuando descubren que la amiga es negra y más joven, no porque la discriminen
sino que no entienden de dónde salió ese vínculo de amistad. La madre es una
persona que prácticamente no tiene vida social…
SOFIA:
¡Pero es su hija, no su amiga!
MENSAJERO:
Pero ellos no lo saben, todavía no se lo ha dicho…
SOFIA: ¿Y
por qué no se lo dice?
MENSAJERO:
(Se rie) Bueno, del mismo modo que
vos le contaste a tus padres que estás embarazada ¡solo cuando ya sabés que te
va a ser imposible ocultarlo porque pronto te va a crecer el bombo.
ANA: Pero
ella puede seguir ocultándolo…
MENSAJERO:
Sí, pero no… no puede…
SOFIA:
¿Por?
MENSAJERO:
Porque los secretos son insoportables de sobrellevar y las mentiras también…La
mujer rubia en el fondo quiere contarlo, quiere que se enteren, siente que la
comunicación con su hijo está cortada, no sabe por qué su nuera la detesta, la
convivencia con su hija va de mal en peor…y no tiene mejor idea que contarlo
allí, en el almuerzo, en una escena memorable…
SOFIA: ¿Y
qué pasa cuando lo cuenta?
MENSAJERO:
Una bomba… las caras son terribles, pero esa revelación fue como una llave y en
medio de todo esa hecatombe la mujer rubia, que está enojada con su nuera
porque la ha separado de su hijo, le recrimina por qué no quiere darle un bebe
a su hijo, el fotógrafo la calla, y le dice que no diga más nada… pero se nota
que está cansado de ocultarlo y le pide a su mujer que conteste por qué no
tienen bebés, pero su mujer no quiere hacerlo, no puede.
SOFIA: ¿y
por qué?
MENSAJERO:
Porque la nuera siente vergüenza de lo que le pasa: ella no puede ni podrá
tener hijos, intentaron todos los tratamientos posibles pero ya no tiene
solución…
SOFIA: ¿Y
eso era lo grave?
MENSAJERO:
Y allí en medio de todas esas revelaciones el fotógrafo estalla, se descarga y
le dice a su mujer que él puede soportar el hecho de no tener hijos pero lo que
es inevitable es que toda la situación, la depresión y la obsesión de su mujer
por ocultar la realidad arruinó la relación, luego le dice a todos “Secrets and
lies, we are all in pain” que significa “Secretos y mentiras, todos sufrimos”
¿Por qué no podemos compartir nuestro dolor? Lo dice gritando y rompe en llanto
cuando dice que él ya no lo soporta más. Bueno, es el personaje más conciliador
de todos, él y la negra que pobre, en el almuerzo no puede salir de su asombro…
SOFIA: ¿Y
cómo termina?
MENSAJERO:
Cómo cuando una tormenta termina: en la última escena de la película, la mujer
rubia y ahora sus dos hijas, la que vive con ella y la que es negra, están
sentadas en el patio de la casa disfrutando del sol… aliviadas, livianas de la
carga que dejan las mentiras y los secretos, en fin, en paz…
HORACIO: (Contrariado)
¿Y este cuento que carajo tiene qué ver con todo esto?
MENSAJERO;
Y… bueno hay que tomar buenas decisiones, este mundo es duro y hay que tratar
de sufrir lo menos posible…
HORACIO: ¿Y
cuál sería la decisión correcta?
MENSAJERO:
Bueno, no lo sé, evidentemente en la película la madre sufrió mucho el haber
entregado a la hija, pero claro, no tuvo opción, según lo que ella misma cuenta
después, estaba sola, angustiada, sin saber qué hacer…
MENSAJERO:
Es una película, las decisiones están en un guión, amigo.
MENSAJERO:
Una buena decisión se toma con el corazón cuando la cabeza no interfiere, y la
cabeza interfiere cuando se está abrumado, la mejor decisión antes que todo es
desabrumarse… puf… tirar las preocupaciones afuera.
(El Mensajero busca algo en sus bolsillos)
MENSAJERO:
Espere que quiero mostrarle algo… acá está… (Lo muestra)
ANA: ¿Qué
es eso?
HORACIO: (Se lo saca de la mano y lo mira perplejo)…
no puede ser…
ANA: ¿Qué
es Horacio?
HORACIO:
Pero es imposible… de dónde la sacó…
MENSAJERO:
Me dijeron que era de usted..,
SOFIA: ¿Es
una armónica?
HORACIO:
Sí… mi armónica
SOFIA: ¿Vos
tocás la armónica?
ANA: Tocaba
cuando éramos novios, ¿te acordás?, después que la perdiste nunca quisiste que
te regalara otra…
MENSAJERO:
Me dijeron que tocaba bien… muéstrenos algo…
SOFIA: Sí
papá… tocá…
HORACIO: Es
una cromática… (hace un soplido y la
retira de su boca)… No puede ser… es la misma… le había grabado mi nombre…
es imposible…
ANA: A
usted quién se la dio…
MENSAJERO:
Me pidieron absoluta reserva señora, discúlpeme pero soy un profesional…
HORACIO:
Pero es imposible que la hayan encontrado, y por si alguna razón lo hubiesen
hecho, jamás hubiesen podido saber que era mía…
SOFÍA:
¿Cuánto hace que la perdiste?
HORACIO:
Más de veinte años, seguro…
ANA: La
perdiste en el viaje que hicimos al Noroeste…
MENSAJERO:
(Irónico) yo tengo otra versión…
ANA: ¿Qué
versión?
MENSAJERO:
Soy un profesional, sé hasta dónde debo contar…
HORACIO: (Aún perplejo)… es verdad… no comprendo…
no la perdí… fue una promesa…
ANA:
¿Promesa de qué?
HORACIO: No
pude decirte esa vez, no quise…
ANA: ¿Pero
de qué promesa estás hablando, Horacio?
HORACIO:
¿Te acordás por qué hicimos ese viaje?
ANA: Fueron
nuestras vacaciones…
HORACIO:
Sí, es verdad, pero…
ANA: Sí, ya
sé, lo hicimos para que yo pudiera quedar embarazada…
MENSAJERO:
¿Fueron a buscar un Coya?
HORACIO: (Amenaza con írsele encima)
MENSAJERO:
Es un chiste, hombre, no se me enoje…
HORACIO:
Sí, estuvimos dos años intentando y vos ya te habías hecho los estudios y no
había nada en vos que lo impidiera… Hicimos el viaje para estar más tranquilo…
ANA: Sí, y
vos me habías prometido que cuando volviéramos del viaje, si no llegaba a
quedar, ibas a hacerte los estudios…
HORACIO: Y
sí, yo tenía terror…
ANA: ¿Por?
Yo nunca te presioné, a parte era un problema de los dos…
HORACIO:
Sí, pero esos dos años en que estuvimos intentando, empecé a investigar por mi
cuenta y como tenía las enciclopedias de medicina de mamá en casa un día leí
que las paperas pueden provocar esterilidad.
ANA: ¿Las
paperas? ¿Vos tuviste paperas?
HORACIO: Sí,
cuando era pibe, encima como a causa de las paperas se me había inflamado un
testículo… yo empecé a relacionarlo… y cabía la posibilidad de que pudiera
quedar estéril…
MENSAJERO:
Mire lo que me vengo a enterar, que las paperas son hinchas pelotas…
HORACIO:
Bueno, el caso es que yo estaba atormentado con eso y no te quería cagar la
vida Anita…
ANA: (Compasiva) ¿Hace mucho que no me decís
Anita, Hora?... Y por qué me ibas a cagar la vida, si no se podía hacíamos un
tratamiento… o adoptábamos…
HORACIO:
Pero a vos se te iluminaban los ojos cuando me hablabas de tener un bebé y yo,
a medida que pasaba el tiempo me desesperaba cada vez más.
SOFIA: ¿Y
qué pasó con la armónica?
HORACIO:
Fuimos a Salta a ver a la Virgen y en ese momento prometí a la virgencita que
si Anita quedaba embarazada yo nunca más iba a tocar la armónica…
SOFIA:
¿Pero vos no sos tan creyente?
HORACIO:
¡Tan creyente!.. ¡Qué sé yo! o se cree o no se cree, yo creo pero a mi manera…
ANA: ¿y qué
pasó con la armónica? Recuerdo que al mes y medio de volver me hice los
análisis y casi nos desmayamos cuando vimos el resultado… ¿la vendiste?
HORACIO:
No, mientras rezaba, sentía que la estaba extorsionando a la virgen, como si la
condicionara diciendo “si me das esto yo cumplo” entonces para darle muestras
de que estaba comprometiéndome con la promesa me separé del contingente y la
enterré detrás de un árbol.
ANA: Pero
esta tiene grabado tu nombre…
HORACIO:
Por eso… es imposible que la vuelva a tener…
ANA: Además
estábamos solos, ningún conocido ni nadie que sepa quiénes éramos…¿Estás seguro
que es la misma?
HORACIO: No
puede haber otra igual, tiene mi nombre grabado… (Mira al mensajero) ¿Quién se la dio?
MENSAJERO:
Ya le dije, soy un profesional, ¡un mensajero es un mensajero!
SOFIA: No
sabía… ¿tanto me buscaron?
MENSAJERO:
Ja, lo que son las cosas, unos tardan tanto y otras van (Mirando a Sofía) …. rapidito…
SOFIA:
Idiota.
HORACIO: (Sin reparar en lo que dicen) y sí, fue
angustiante…
SOFIA: Yo
pensé que había venido al mundo naturalmente…
ANA: ¿Y
quién dijo que no? Viniste como cualquier bebé…
SOFIA: Sí,
pero ustedes quisieron que yo venga, yo no sé si quiero este bebé… (se angustia).
PAUSA
MENSAJERO:…sí
ustedes quieren yo les puedo pasar el teléfono de alguien que se dedica a esto…
SOFIA: ¿A
qué?
MENSAJERO:…
en solamente un día lo pueden solucionar, lo sacan y listo… bah, estoy notando
por el silencio que hicieron que están contemplando esta posibilidad…
PAUSA
ANA: (Mirando a Horacio) No sé, yo siempre
estuve en contra, pero puede ser una solución… qué sé yo, Dios me va perdonar
pero es por el bien de ella…
HORACIO:
no… no lo sé… nunca me pareció bien…
SOFIA: ¿De
qué hablan?
ANA: ¿Y los
planes? Con un chico es imposible que pueda estudiar medicina…
HORACIO: Te
dije que no sé…
SOFIA:
¿Pero de qué están hablando?
MENSAJERO:
De achurarte nena, sacamos el feto y a otra cosa…
ANA: ¡No
sea grosero, por Dios! ¡No lo diga así que parecemos asesinos!
HORACIO: (Abstraído) No puedo creer que no sepa
quién es el padre…
ANA: Eso ya
no importa, ahora lo importante es pensar en el futuro, no podemos dejar que
Sofía se arruine la vida.
HORACIO:
Bueno, a mí lo que mucho no me importa ahora es el futuro…
ANA: Qué
estás diciendo, desde cuando no te importa los proyectos y los planes de tu
propia hija.
HORACIO: (Despectivo) Los proyectos y los planes…
no sirven de nada…
ANA: Ya no
sabés ni lo que decís…
HORACIO: No
te preocupés que lo sé bien clarito…
PAUSA
ANA: ¿Por
qué decís eso? No es lo que pensaste siempre…
HORACIO: Es
lo que pienso hoy, en los últimos meses digamos…
ANA: ¿De
qué hablás, Horacio?
HORACIO: Sobre
algo que todavía no te dije y que tiene que ver quizás, con mis propios
proyectos y planes…
ANA:
¿Cuáles proyectos y planes?
HORACIO:
Los que me propuse para ser un hombre “realizado” y tener una familia
“realizada!
ANA: ¿No la
tenemos, acaso?
HORACIO: Bueno…
sí… pero ahora se ven los pingos Ana.
ANA: ¿Por
qué ahora?
PAUSA
MENSAJERO:
Lárguelo amigo… queremos ver los pingos…
SOFIA: ¿Qué
pasa, pa?
HORACIO: (Acongojado) Mi madre me dijo una vez,
“si no podés hacer lo que te gusta, esforzate porque te guste lo que hagas”
MENSAJERO:
Suena a consuelo e tonto.
HORACIO:
Pero si lo dice la vieja de uno suena a sentencia divina…
ANA: Encima
tu vieja que cuando hablaba parecía medir dos metros de alto…
SOFIA: ¿Era
autoritaria la abuela?
HORACIO:
No, la abuela Inés era una mujer fuerte y además te quería mucho…
SOFIA: No
me acuerdo de ella…
ANA: Murió
cuando apenas tenías dos años…
HORACIO: Y
bueno… con la armónica no iba a llegar a ningún lado así que como tuve la
suerte de entrar en el Banco…
ANA: Pero
vos quisiste entrar en el Banco…
HORACIO: Y
sí, qué querés que haga, al principio me gustaba, lo veía un buen laburo,
además era otra época…
MENSAJERO:
Se esforzó para que le gustara, digamos…
HORACIO: No
es difícil, además todo se da por comparación ¿no? Tenía amigos que trabajaban
de albañil, otros en fábricas, y para un inútil como yo para lo manual esto era
mucho mejor… cuando nació Sofía ya no había tiempo para plantearse cosas raras
así que decidí, como quien dice, hacer carrera en el Banco y me puse a
estudiar…
ANA:
Hiciste bien, por algo llegaste a subgerente…
HORACIO: Y
con el precio que pagué como para que no me tengan en cuenta… ¿no?
MENSAJERO:
Se le deberían acalambrar las manos contando dinero ¿no?
HORACIO:
Diga lo que quiera, me gustaría haberlo visto a usted cuando en la crisis del
2001 y 2002 había que lidiar con la desesperación de la gente…
PAUSA.
ANA: Me
acuerdo que había días que venías deprimido, casi llorando…
HORACIO:
Hasta nos habían puesto un psicólogo sin cargo para tratarnos…
MENSAJERO:
Bueno, al menos los jefes mostraban preocupación…
HORACIO:
Qué jefes ni jefes, fue el gremio, un banco no tiene jefes, es decir, no tienen
personas que lo dirijan, es un monstruo que camina y decide por sí sólo. Por
supuesto que algún hijo de puta toma decisiones pero las toma porque tiene a
otro hijo de puta que se las da, y a ese hijo de puta se las da otro, en fin…
un banco es una cadena de hijos de puta…
MENSAJERO:
Bueno… bueno… pero el hijo de Arzamendi siempre lo recuerda…
HORACIO: ¿Y
usted cómo sabe eso?
MENSAJERO:
En la mensajería nos enteramos de todos, como somos anónimos para la gente a
veces no reparan en que estamos presente…
ANA: ¿Quién
es Arzamendi?
HORACIO: No
importa…
MENSAJERO:
Cuéntelo…
HORACIO:
No, para qué…
ANA: Ay,
por favor… Horacio…. Contanos que somos tu familia…
HORACIO: (Se resiste)
MENSAJERO:
Le cuento lo que sé yo, si estoy equivocado me corrige… fue en febrero de 2002,
en pleno corralito, cuando los bancos se quedaban con el dinero de la gente,
bah, el robo del siglo… el padre de Arzamendi tenía una enfermedad grave y
tenían que operarlo, el hijo iba todos los días al banco para pedir que le
dieran el dinero que el viejo había ahorrado, porque no tenía otra forma de
pagar los gastos de la operación del padre, en uno de esos tantos días… esto me
lo contaron… Arzamendi llevó al padre, que estaba en silla de ruedas y que
apenas podía hablar para que el gerente del banco se sensibilizara, pero el
gerente no tenía facultades para retirar el dinero, y la escena fue dramática,
Arzamendi llorando, Horacio llorando, el gerente pateando la puerta, la gente
insultando a los empleados…
ANA: ¿A mí
no me contaste eso?
HORACIO: Fueron
días de mierda…
MENSAJERO:
Pero bueno, la cosa es que Horacio quien tenía ahorros en el banco pero que
meses anteriores los había sacado de la caja de ahorro y los había puesto en
una caja de seguridad le prestó el dinero que necesitaba.
ANA: ¿Era
mucha plata?
MENSAJERO: Suficiente para que el viejo se operara y viviera unos años
más…
ANA: ¿Toda la plata? Pero vos no me dijiste que estabas ahorrando tanta
plata…
MENSAJERO: Según me dijeron era suficiente dinero para el
restaurante…¿no?
HORACIO: (Perplejo) ¿De dónde
sacó eso?
SOFIA: ¿Qué restaurante?
MENSAJERO (Buscando en sus
bolsillos) ¡Oiga hombre! ¿Usted no
dialoga con su familia, no les cuenta sus sueños? …a ver… por acá lo tengo… acá
está… (Saca un folleto y se lo extiende a
Horacio)
HORACIO: …no puede ser… ¿Quién lo manda a usted?
ANA: (Se lo saca de la mano y lo
pone a la luz de la vela) Es un restaurante de Mar del plata… nosotros
estuvimos en ese lugar…
HORACIO: En nuestra luna de miel…
MENSAJERO: Lindo lugar según me dijeron…
HORACIO: (Melancólico) sí…
lindo lugar…
PAUSA
MENSAJERO: (Tira adrede una foto
al piso simulando que se le cae)…perdón… se me cayó esto… (le dice a Ana) no me la alcanza
ANA: ¿Por qué yo?
MENSAJERO: Es que ando mal de la cintura… con esta humedad, vio…
ANA: (Levantándola) ¿Pero por
qué yo? ¿todos me dan órdenes en esta casa? (apenas ve la foto se horroriza) …¡ay Dios mío!
SOFIA y HORACIO se acercan a
mirar la foto, SOFIA y HORACIO parecen no entender mientras que ANA se tapa la
boca visiblemente sorprendida y la tira nuevamente al suelo. SOFIA la levanta.
MENSAJERO: ¿Lo conoce?
HORACIO: ¿Quién es?
SOFIA: ¿Quién es este churro?
ANA: (Titubea) …nadie…
MENSAJERO: (Irónico) Digamos
que cada vez que ve una foto de alguien que no conoce se pone así, como si
hubiera visto un fantasma
ANA: ¡¿Por qué no se calla de una vez?!
HORACIO: Sí, (señalando al
mensajero)él que se calle.. pero vos hablá Ana, quién éste de la foto…
ANA: (Llora) No…
SOFIA: Parece Brad Pitt
HORACIO: Decime de una vez por todas quién es este tipo Ana…
ANA: Es un hombre... (llora)
SOFIA: ¡Y qué hombre!
ANA: Que conocí…
HORACIO: ¡¿Cuándo?!
ANA: Hace un tiempo.
HORACIO: Decime dónde está ahora que lo mato…
ANA: No sé, nunca más lo vi…
HORACIO: (Desencajado) ¡Putas…
Putas…son todas putas, mi esposa, mi hija! ¡Hasta mi madre debe haber sido puta!
¡Pobre viejo, debe haber sido cornudo toda la vida!
MENSAJERO: Debe ser genético…
HORACIO: ¿Decime en qué momento fue?
ANA: Fue hace diez años Horacio… de qué te preocupás…
HORACIO: ¿Y así me lo decís? ¿No sentís remordimientos? ¿Qué no me
preocupe?
ANA: ¿Y lo de Karina? ¿Ya te olvidaste?
HORACIO: ¡Pero estábamos de novios, mujer! ¡De novios!
ANA: Pero ya convivíamos ¿o te olvidaste?
HORACIO: Pero éramos novios.
ANA: ¿No eras vos el que decía que con casarse no cambiaba nada…?
HORACIO: ¡No, yo no lo puedo creer, vos estás loca! ¡No sos la misma
mina con la que me casé!
ANA: Vos me convertiste en esto…
HORACIO: ¡Ah, ahora yo tengo la culpa! ¡Por Dios, que vuelva esta luz de
mierda! ¡No lo puedo creer!
PAUSA
HORACIO: ¿En qué momento fue que no me di cuenta?
ANA: Cuando el banco te mandó a la sucursal de Necochea a cubrir
vacaciones de un empleado.
HORACIO: Pero, si mal no recuerdo, fueron quince días…
MENSAJERO: Quince días es más que suficiente…
HORACIO: ¿Y dónde lo conociste?
ANA: Es italiano, vino por unos días al país para hacer una
investigación de mercado para poner una fábrica acá, en la ciudad.
HORACIO: ¿Qué fábrica?
ANA: Ni idea, el me hablaba de eso pero yo no le entendía mucho, además
hablaba medio italiano…cocoliche..
MENSAJERO: mucho no le importaba lo que decía, parece…
HORACIO: ¿Pero vino a vivir acá?
ANA: No, la fábrica no abrió, no le daba no sé qué cosa de la logística…
HORACIO: ¿Y qué pasó? ¿Cómo fue que lo conociste?
ANA: Fuimos a comer con las chicas al restaurante del hotel, Vito se
hospedaba allí.
HORACIO: (Mirando al techo) ¡Vito!
ANA: Se nos acercó a la mesa, y bueno…
HORACIO: Y bueno qué…
ANA: Nada…
HORACIO:(Desencajado) ¡Cómo
que nada! ¡¿Te dijo cosas, te besó en el cuello, te tocó, te llevó a la habitación?!
ANA: (Levantando la voz) ¡Calmate,
porque vos tenés suerte, porque esta mujer tiene los huevos bien puestos para
no bajarse de la camioneta!
HORACIO: ¡¿Qué camioneta?! ¡Qué decís!
ANA: Como en la película…
HORACIO: ¿De qué hablás? ¿Estás loca?
ANA: Como Mery Streep, que al final no se va con el fotógrafo…
HORACIO: ¡Ah bueno!, ahora me tengo que consolar con que elegiste estar
conmigo después de lustrarte a otro… Por qué no te vas a la puta que te parió (se va hacia dentro de la casa)
PAUSA
SOFIA: ¿Qué película?
MENSAJERO: Los Puentes de Madison
ANA: Es vieja, de hace muchos años, vos no la viste seguro...
SOFIA: ¿Y qué es eso de la camioneta?
ANA: Así termina la película
MENSAJERO: Yo le explico, la película trata de una mujer que es ama de
casa en un pueblo rural de Estados Unidos, el marido siempre trabajando y ella
educando a los dos hijos en una casa de campo. Típico del lugar y de la época.
Por unos días el marido viaja con los hijos a una feria para llevar un ternero
y ella decide quedarse sola, en esos días conoce a un fotógrafo que trabaja
para la revista National Geographic y que para en el Madison para fotografiar
sus puentes, se conocen, mirada va mirada viene, palabra va, palabra viene y
zácate…
SOFIA: ¿Garchan?
ANA: ¡Sofía!
MENSAJERO: Hacen el amor…
SOFIA: ¿Y qué dije?
MENSAJERO:Ella es una linda mujer, no es ese tipo de mujer convencional,
Mary Streep tiene esa cara extraña, que se sale del molde pero que a la vez
refuerza la mirada y ese poder de seducción que hace que uno se la quede
mirando, (suspira) ¡Mary…! El marido,
no, buen hombre, buen padre pero sin vuelo, terrenal, pelado, insulso…
ANA: (Irónica)…Me hace acordar
a alguien…
MENSAJERO:…nada que ver con Clint, que tiene pelo, casi sesentón pero
fachero, con la boquita retorcida, la mirada penetrante… bueno la cuestión es
que se enamoran los dos en esos días, se divierten, los dos tienen sentido del
humor, ella ve en él esa necesidad que tiene de conocer el mundo y además
revive…
ANA: ¡Y cómo!
MENSAJERO: Él es fotógrafo y vive viajando, y él siente que ella puede
ser su alma gemela entonces, antes de partir él le pide que se vaya con ella, y
le dice que la espera en una esquina del pueblo para irse al otro día o unos
días después. El marido llega por esos días y van al pueblo en la camioneta
para hacer algún trámite, llueve, llueve mucho, y delante de ellos se detiene
esperando en el semáforo Clint Eastwood en su propia camioneta, saca la cruz
que le había regalado y la pone en el espejo retrovisor para que ella la vea, Mery Streep toma fuerte la manivela pero no se
anima a bajar, el semáforo se pone en verde y Clint arranca, ella mira por la
ventanilla hacia el costado para que el marido no la vea y llora porque se le
parte el corazón… y nunca más se ven…
SOFIA: (A la madre) ¿y por qué
no te quisiste bajar de la camioneta, mamá?
ANA: No es tan simple…
HORACIO (Gritando de adentro)
¡¿Por qué no es tan simple?!
ANA: Vení acá a conversar, no voy a estar gritando como una loca.
HORACIO: (Aparece) te hubieses
ido con él… ¿a dónde te llevaría? ¿A Roma? ¿Milán?¿Sicilia?
ANA: Nápoles
HORACIO: (Irónico) ¡Nápoles!
Sería un pobre miserable del sur, entonces…
ANA: Es que en realidad no entendés nada, porque poco importa quién era.
HORACIO: Vos y tus extravagancias, seguro que si hubiera venido de
Trenque Lauquen le hubieses dado bola, ¡pero claro! El señor es europeo, de
mundo, entonces la cosa es más elegante…exótica…
ANA: Seguís sin entender nada…
HORACIO: Explicámelo entonces… ya que para vos todo es tan claro…
ANA: Está bien, para explicártelo me alcanza con una palabra.
PAUSA
HORACIO: ¿Y?
SOFIA: ¿Qué palabra mamá?
ANA: Pedo.
HORACIO: ¡¿El qué?!
ANA: Ya la escuchaste
PAUSA
MENSAJERO: (A Sofía) ¿Tenés
cartas?
SOFIA: ¿Un mazo de cartas?
MENSAJERO: ¿Sabés jugar a la escoba de quince?
SOFIA: Mucho no me acuerdo.
MENSAJERO: Traelas que te vas a acordar enseguida, mirá que esto va para
largo.
Sofía busca un mazo en un cajón y comienza a jugar con el MENSAJERO a la
luz de la vela.
HORACIO: ¿Qué me querés decir?
ANA: Hablo del pedo como símbolo de la muerte del romanticismo…
HORACIO: Uhhh, qué estás leyendo ahora…
ANA: No estoy leyendo nada que tenga que ver con eso, puedo tener mis
consideraciones propias…
HORACIO: ¿Y cuál sería esa consideración?
ANA: Te tirás pedos delante de mí como si yo no existiera.
HORACIO: ¿Y qué interpretación le das a eso?
ANA: Que yo, para vos, no existo…
HORACIO: La interpretación que yo le doy a eso es tan simple como lo que
es, tirarme un pedo, evacuar gases digestivos que buscan descomprimirse.
ANA: Esa es una interpretación animal del asunto, yo le doy una
valoración afectiva, vos, cuando te tirás un pedo me lastimás el corazón… me
agredís… es violencia de género…
HORACIO: ¡Pero dejate de joder! Siempre buscándole la quinta pata al
gato.
MENSAJERO: ¡El pedo al huevo!
ANA: Pero, yo digo, en realidad vos no te das cuenta de lo que significa
eso…
HORACIO: Ya te expliqué mujer, lo que puede molestarte es que sean
sonoros…
ANA: ¡Y sí, querido! ¡Me molesta escuchar cómo cruje tu culo delante de
mí!
HORACIO: Ya te expliqué, cuánto más ruido hacen menos olor tienen,
agresivo sería que me tire esos pedos húmedos (hace el sonido haciendo vibrar los labios), o esos que son como
soplidos (sopla con los labios cerrados)
ahí sí que salís corriendo…
ANA: (Cansada) No, así no se
puede…
HORACIO: Estás haciendo un mundo de nada…
MENSAJERO: Discúlpenme, quiero hacerles una pregunta…
HORACIO:….
ANA:….
MENSAJERO: Ustedes están conformes con la iluminación…
ANA: (Contrariada) ¿Qué
iluminación?
MENSAJERO: La que hay acá…
ANA: Pero qué dice, está la luz cortada, qué quiere que hagamos…
MENSAJERO: No, es una sugerencia…
HORACIO: ¡Qué locura tiene este tipo, por Dios!
PAUSA
ANA: Ahora, hacé el esfuerzo de seguirme Horacio en lo que te voy a
contar, imaginátelo, hacé de cuenta que me voy de casa, te dejo, el italiano
viene a buscarme…
HORACIO: Vito… llamalo por el nombre, Vito…
ANA: Si te cae mejor… Vito viene a buscarme y vos te quedás solo, no sé
si te vas a poner mal o no, quizás cuando la ropa sucia comience a amontonarse,
los platos sin lavar, la mugre te llegue al cuello y terminés comiendo pizza y
empanada todos los días, te deprimís un poco, pero, como todo en la vida pasa,
al tiempo decidís conocer a alguien y comenzás a salir, te comprás ropa que te
rejuvenezca, te ponés perfume importado, lavás el auto y lo perfumás y
definitivamente quedás con alguna mujer en una primera cita, ¿Te lo podés
imaginar?
HORACIO: Sí, tan baqueteado no estoy….
ANA: Vas a un restaurante, no esas parrillas que me llevás a mí que nos
llenamos de olor y vos comés y chupás hasta reventar, sino un lugar como La
Fonda, o La Minga, un rico plato, buen vino, postre con nombre raro…
HORACIO: Buen vino.
ANA: Y sí, no el kerosene de la casa que rebajás con hielo y soda...
comen, ¡pagás vos sin quejarte, no como hacés siempre! y, como yo estoy en
Italia, obviamente Sofía se fue conmigo, la traes a esta casa –porque no te voy
a negar que me voy a sentir culpable por abandonarte así que te dejo la casa-,
entonces la seducís con alguno de tus chistes, torcés la boquita, le convidás
un café, se sientan juntos en el sofá, ponés música suave, ella se desabrocha
el botón de la blusa y….
HORACIO: ¿Y?
ANA: Y ahí, mientras escuchan Eclipse total al corazón, que tanto te
gusta, acomodás el culo y te rajás un buen pedo…
HORACIO: (Hace un gesto
contrariado)
ANA: ¿Cuánto crees que tarda la muchacha en abrocharse el botón y salir
corriendo por la puerta?
HORACIO: Hay momentos y momentos…
ANA: No, no es así, estás equivocado… yo no ando rajándome pedos delante
de vos.
HORACIO: Porque está estudiado que las mujeres se contienen… y que eso
es peor… que les provoca estreñimiento y los pedos se le van a la cabeza y
luego no las soporta nadie.
MENSAJERO: (Mientras juega con
Sofía a las cartas) Yo leí ese estudio…
SOFIA: Por eso yo me tiro pedos en cualquier lado…
ANA: Te tirás pedos ahora, porque sos joven, y bueno… por lo visto no
tenés problemas con los hombres.
MENSAJERO: Al contrario…
ANA: Pero cuando seas más grande, lo que se dice una señora respetable,
no sé cómo vas a hacer pero te juro que te va a salir: vas a fruncir tanto el
que te dije que vas a sentir que explotás.
HORACIO: Y por eso vos querés que yo pase por lo mismo…
ANA: ¡Nooooo! ¡Seguís sin entender!
HORACIO: Rajate vos un pedo cuando quieras y vamos a estar en iguales
condiciones…
ANA: ¡Es que no es el caso, no quiero que esto sea una batalla campal,
un bombardeo permanente! ¡Quiero que te lo aguantes y que vayas al baño!
HORACIO: …
ANA: Quiero mirarte y no sentir asco, Horacio… quiero verte y sentir la
musiquita, que caminás en cámara lenta, que sonreís y los dientes están
blancos… como en las películas…
MENSAJERO: Y el culo limpio.
HORACIO: No, perdóname, esto no es una película romántica, esto es la
vida, Ana, ¡La-vida! El mundo real, no como en el mundo de la ilusión de
Hollywood, siempre limpios, maquillados, delgados y bonitos… acá engordamos,
tenemos granitos, nos crece la panza, se nos cae el pelo…
MENSAJERO: Nos tiramos pedos…
HORACIO: ¡Y qué decís vos, Ana, que en invierno, como andás siempre de
pantalones largos no te depilás, pero los pelos los tengo que ver yo todas las
noches!
ANA: No digás pavadas, apenas fue un par de veces… además para que
querés que me depile si te conozco más roncando que…
MENSAJERO: Es verdad… en las películas románticas nadie ronca…
PAUSA
HORACIO: Mirá, Ana, a lo mejor tenés razón, pero así como tu problema
son mis pedos yo te voy a decir otra cosa, ya que estamos…
ANA: ….
HORACIO: Papel higiénico.
ANA…
HORACIO: ¿Escuchaste?
ANA: Sí… ¿y?
HORACIO: La historia de siempre.
ANA: ¿Qué historia?
HORACIO: Cada vez que vamos al supermercado…
ANA: Sí, qué pasa….
HORACIO (Sonríe irónico)
ANA: ¿Qué pasa en el supermercado?
HORACIO: Ya lo hablamos, vamos a la góndola del papel higiénico y ¿cuál
elegís?
ANA: El que es bueno.
HORACIO: El más caro.
MENSAJERO: Lo barato sale caro.
ANA: Eso, lo barato sale caro.
HORACIO: Ana… ¡es papel higiénico…!
ANA: ¿Y qué tiene que ver que sea papel higiénico?
HORACIO: Es para limpiarse el culo...
ANA: Y sí, tiene que ser suave…
HORACIO: ¡Es papel higiénico! ¡Con que apenas sea un gramaje inferior al
papel de diario es suficiente!
ANA: Yo no quiero lastimarme por ahorrar unos pesos.
HORACIO: ¡Es que es papel! ¡Papel! ¡Qué le pueden poner a un papel para
que cueste tres veces más caro que otro! ¿Anestesia? ¿Calmantes para las
hemorroides?
ANA: No sé…
HORACIO: Estos hijos de puta, lo único que les importa es ganar guita,
qué necesidad tienen de fabricar distintos tipos de papel higiénico…para que
boludas como vos se crean la historieta de que uno está mejor posicionado
socialmente según el papel con el que se limpie el culo…
ANA: No digás pavadas querés…
HORACIO: No, no digo pavadas, todo tiene que ver con todo, y si te hablo
del papel higiénico es para darte un ejemplo de que para vos todo es así, la
comida, la bebida, las cremas, los jabones, la ropa, los zapatos, todo tiene
que ser “firt class” para la dama.
ANA: ¿Y qué tiene de malo, aspirar a estar un poco mejor?
HORACIO: ¡A qué el papel higiénico será de alta gama, pero las
hemorroides las tengo yo por romperme el culo laburando en ese banco de mierda!
ANA: ¡Ah, ahora me vas a recriminar que yo no trabajo, cómo lo hacés
siempre! Acordate que la decisión fue de común acuerdo, querido.
HORACIO: Sí, Ana, de común acuerdo pero el motivo era que Sophia era
chiquita… después..
ANA: Y bueno después me costó, era difícil insertarse, además estuve
estudiando…
HORACIO: ¿Reiki?
ANA: Me hizo bien…
HORACIO: Pintura, teatro, danza, patín, natación, tejido, yoga y cheff.
ANA: Hace bien al alma…
HORACIO: Que te alcance la guita también hace bien al alma…
ANA: ¿A dónde querés llegar? ¿Querés que te diga que debería haber
conseguido trabajo?... ¿eso querés?
HORACIO:….
ANA: Decime…
HORACIO: No sé, al menos quería que lo recuerdes…
ANA: ¿El qué?
HORACIO: Que cuando vuelvo muerto a casa y no me quedan fuerzas para
levantar el ánimo es porque estuve laburando de algo encima que me rompe
soberanamente las pelotas…
ANA: Bueno, las cosas de la casa siempre las hice…
HORACIO: Sí, ya lo sé, pero a lo que voy es que no se puede ser Clint
Eastwood, sin pedos, sin roncar y siempre dispuesto a ser elegante después de
laburar ocho o nueve horas en un banco privado que lo único que quieren de voz
es exprimirte hasta dejarte un uno por ciento de la persona que eras…
ANA: Pero yo eso lo entiendo, ¿o te crees que hubiese soportado toda…
toda nuestra incomunicación, todos nuestros desencuentros si no hubiese
recordado que todos los días vas a hacer algo que no te gusta para nada? Porque
bien que te encargás de recordarlo todos los días, todos los días…
MENSAJERO: Clint Eastwood no se quejaba de sacar fotos…
HORACIO: Eso no es un trabajo.
MENSAJERO: Todo es un trabajo, como dicen las sagradas escrituras: hay
que ganarse el pan con el sudor de nuestra frente…
HORACIO: ¡El pan! Pero no dice que hay que ganarse la ropa de marca, la
peluquería exclusiva, el colegio privado, la cuota del auto, las clases de
equitación…
SOFIA: ¡Yo no quería ir a equitación!
HORACIO: Ah, pero a tu madre…
ANA: Es un deporte al aire libre…
HORACIO: Te puedo nombrar veinticinco deportes al aire libre en los que
no hay que comprar un caballo y mantenerlo como si fuera un hijo más.
ANA: ¿Lo único que te trauma es la plata? ¿No podés tener otra en la
cabeza?
HORACIO: Perdoname, no pude ir a clases de yoga y poner mi mente en
blanco… porque eran a las tres de la tarde… que justamente coincide con el
horario en que Rodriguez empieza a romperme las pelotas para que le haga las
cosas que el señor no puede hacer…
PAUSA
ANA: Ahora Horacio, tendrías que ser más agradecido con el banco…
MENSAJERO: No hay que morder la mano del que da de comer.
HORACIO: Sí eso hacen los perros… los sumisos…
ANA: Tiene razón, hay que ver el vaso medio lleno…
HORACIO: El banco, querida, quien me ha dado todas las oportunidades, el
que cada fin de año nos convoca a una fiesta en la que nos cuentan cuánto han
crecido, con una renta impresionante, que por supuesto no se refleja en mis
bolsillos, me da la magnífica oportunidad a esta edad del preciado y esperado puesto
de gerencia.
ANA: (Sorprendida) Estás
mintiendo.
HORACIO: Te juro que no…
ANA: (Contenta) ¡No lo puedo
creer! ¿¡Por qué no estás contento si es por lo que tanto te esforzaste!?
HORACIO: Porque el puesto es en Reconquista.
ANA: ¿Dónde queda eso?
MENSAJERO: Uffff, en la luna era más cerca…
HORACIO: Lejos. Al norte de Santa Fe.
ANA: ¿Y qué vas a hacer?
HORACIO: Y pensemos… hay que vender la casa, o alquilarla y con ese
dinero alquilar algo allá, acostumbrarse al clima más caluroso, Sofía empieza
la facultad y Buenos Aires le queda a un día de viaje, va a tener que estudiar
en Rosario, que tampoco es cerca, vos tendrás que integrarte, hacer nuevas
amistades, soportar a los nuevos vecinos... deprimirnos cada fin de semana…
angustiarnos… suicidarnos…
SOFIA: No, para nada, yo igual me quedo en Buenos Aires, me voy a vivir
con Romina que ya tiene departamento…
HORACIO: Perdón señorita, ¿Usted se olvida que dentro suyo hay algo por
resolver? ¿Usted cree que el padre de Romina va a permitir que su compañera de
departamento viva con un una madre y su bebé?
PAUSA
ANA: Bueno… no seamos tan dramáticos… tampoco es cuestión de muerte que
sigamos como estamos… no aceptes el puesto y listo, no te preocupes…
HORACIO: Acá viene lo mejor, si no acepto el puesto debo conformarme con
el retiro voluntario…
ANA: (Ríe nerviosa) No… no
pueden hacerte eso…
HORACIO: Pueden… y no sólo eso, debo aceptar el treinta y cinco por
ciento de lo que me corresponde por indemnización…
ANA: No, no puede ser, vamos a consultar con Ariel que es bueno en
derecho laboral y vas a ver que….
HORACIO: Ya lo consulté…
ANA: ¿Y qué te dijo?
HORACIO: Que tienen ese derecho…
ANA: ¿Cuál?
HORACIO: El de trasladarme a la reconcha de su madre en caso de que lo
necesiten…
ANA: ¡Pero eso no puede ser legal!
HORACIO: Sí, porque lo acepté, yo mismo firmé el convenio…
ANA: ¿¡Y por qué firmaste una cosa así?¡
HORACIO: Porque tenía veintitrés años, y estaba tan contento por
conseguir un buen trabajo cuando escaseaba que firmaba cualquier cosa que me
dijeran… y porque sino firmaba, lo firmaba el que venía detrás y yo me quedaba
sin el trabajo.
ANA: Son unos hijos de puta…
HORACIO: ¿No dijiste que tenía que querer un poco más al banco?…
ANA: (Angustiada) ¿Y qué hacemos ahora?
PAUSA
MENSAJERO: ¿Vender productos Avon?
HORACIO: Oiga, ¿usted realmente no tiene miedo que lo cague a trompadas?
MENSAJERO: Puede tocar la armónica en el banco, mientras la gente espera
en la cola…
HORACIO: ¡Ay, Dios! ¡Déjeme de joder con la armónica! Nunca lo vi como
un medio de vida…
MENSAJERO: Lo que quiero decir es que hay que inventarse algo para
hacer…
HORACIO: A esta edad qué voy a hacer, con lo que me van a pagar lo
máximo que puedo hacer es poner un kiosco, ¡y hay un millón de kioscos…!
MENSAJERO: Pero usted nunca soñó con poner un kiosco…
HORACIO: No es momento para sueños…
ANA: Bueno… siempre quisiste tener el restaurante… cocinás bien…
MENSAJERO: ¿Usted no hizo el curso de cheff o escuché mal?
ANA: Sí… soy buena con las cosas dulces…
HORACIO: No, es imposible, se necesita mucho dinero… no… imposible…
PAUSA
MENSAJERO: ¿Oiga, usted quiere terminar como Gaz?
HORACIO: ¿Quién es Gaz?
MENSAJERO: Gaz, en un pueblo industrial de Inglaterra, en plena crisis
queda desocupado, sin dinero, y debido a que está separado de su mujer y el no
tiene como pasarle la manutención de su único hijo puede perder el derecho a
estar con él…
HORACIO: ¿De qué me habla?
ANA: ¡Full Monty!
MENSAJERO: ¡Muy bien!, la señora tiene cultura cinéfila, en realidad The
Full Monty, los actores no los recuerdo porque no son muy conocidos…
ANA: Sí que son conocidos, si yo los vi en un montón de películas…
MENSAJERO: Sí, pero lo que quiero decir es que no son estrellas como
Robert de Niro, Al Pacino, Jack Nicholson…
ANA: Es verdad…
HORACIO: ¿Es esa en la que cinco o seis tipos se terminan desnudando…?
MENSAJERO: Bueno, si quiere verlo de ese modo, tan simplista…
HORACIO: No la vi, ahora ¿Usted no ve Depredador, Rápido y Furioso, El
juego del miedo…? ¡Duro de matar!
MENSAJERO: (Irónico) Nooo, hay
que pensar mucho…
HORACIO: Bueno, si mal no recuerdo es una película en que cinco tipos
terminan en bola…
ANA: ¿Eran cinco o seis tipos los que decidían hacerlo?
MENSAJERO: Y estaba Gaz, que era el de la idea, el rubio que quería
suicidarse, el gordito que sufría de impotencia…
ANA: El que había sido jefe de ellos en la fábrica…
MENSAJERO: Exacto. Eso eran los principales y después estaban uno que era
negro, y uno que estaba bien… (hace un
gesto con las manos) dotado.
HORACIO: No sea tan grosero
SOFIA: ¿Y por qué uno quería suicidarse?
MENSAJERO: Por la misma razón que el gordito sufría de impotencia y Gaz
de desesperación por no perder a su hijo: por la falta de trabajo…
SOFIA: Bueno, se comprende, pero ¿suicidarse?
MENSAJERO: Es que para un hombre que culturalmente fue educado para ser
sostén de familia, y mucho más en momentos y lugares en que la mujer no
trabaja…
HORACIO: Ahora y acá pasa eso...
ANA: ¡Dejá de tirar indirectas, querés!
MENSAJERO: Bueno, como decía, para esos hombres, perder un trabajo que
se presumía para toda la vida es traumático… eso cuenta la película, el que fue
jefe de ellos le oculta a su mujer durante seis meses que ya no tiene trabajo, la
mujer sigue gastando dinero y terminan por embargarlo, el gordito sufre de
impotencia sexual porque se siente minimizado, poco hombre, está el suicida que
consiguen disuadirlo, y Gaz, que bueno, es el que no se detiene y ante la desesperación
los induce a todos a romper con cierta estructura de pensamiento en la que
transformarse en stripers es prácticamente vergonzoso.
SOFIA; ¿Stripers?
MENSAJERO: Sí, imaginate, tipos grandes, rudos, masculinos,
metalúrgicos…
SOFIA: Cómo el tio Raul.
MENSAJERO: Como tu tío entonces… imginate verlos una noche…
SOFIA: Desnudos.
MENSAJERO: Sí, pero la desnudez es secundaria, porque Gaz se le ocurre
hacer es show porque se entera de que al club del pueblo viene un grupo de
stripers para actuar… pero de tipos jóvenes y físicamente armoniosos…
profesionales que viven de eso…
ANA: Claro, porque ellos son maduros y bastante feos…
HORACIO: Tipos comunes, terrenales…
MENSAJERO: Bueno, pero Gaz se lo toma en serio, busca coreografías y
convence a todos de que es la oportunidad de sus vidas, por supuesto todo lo
hacen en secreto, hasta que uno de ellos se arrepiente…
ANA: ¿No era el gordito?
MENSAJERO: Sí, el gordito impotente, y se lo confiesa a la mujer pero le
dice que el no va a participar, la mujer se encarga de contárselo a las demás
mujeres…
HORACIO: Cuando no…
MENSAJERO: Primero todas se asombran y sienten algo de rechazo pero
luego no pueden resistir la tentación de ir a ver el show, y así termina la
peli, con ellos haciendo su número…(canta) ¡You cant leave your hat on chan chan chan
chan chan chan!
HORACIO: ¡Nueve semana y media! Kim Bassinger
MENSAJERO: Ya me parecía que su gusto cinematográfico va por otro lado…
si es la misma canción, justamente porque gracias a esa película la canción de
Joe Cocker se transformó en un ícono del striper…
HORACIO: ¿Y a qué viene todo esto?
MENSAJERO: Bueno, la peli deja esa…. -no me gusta decir enseñanza-
digamos que, al menos para mí, son perlitas de una hora y pico que me cambian
la vida…
HORACIO: Mire, si lo dice por mi situación prefiero Terminator, entrando
al banco y cagándolos a tiros a todos…
MENSAJERO: Esa es la más fácil, pero…
ANA: Bueno Horacio, tiene razón, siempre hay puertas de salida, solo hay
que verlas, descubrirlas…
MENSAJERO: O inventarlas…
HORACIO: ¡Y qué voy a inventar a esta altura de la vida!
MENSAJERO: Siempre hay algo, solo no hay que quedarse quieto…
PAUSA
ANA: Pongamos el restaurante, Horacio, mandá el banco a la mierda, que
te paguen ese dinero y pongamos un buen restaurante…
HORACIO: No sé… no lo veo… hay que buscar algún lugar y hoy están todos locos, por cualquier sucucho te piden una fortuna de alquiler…
ANA: Qué alquiler, ni alquiler… pongámoslo acá en el garage de casa… lo
unimos con el quincho, la parrilla ya la tenemos, edificamos para hacer la
cocina y listo…
HORACIO (Descreído) ¿Acá?
ANA: Cómo el de Carlitos Vigolongo, no nocesitás una gran cosa para dar
de comer… con que la cocina y la atención sea buena…
SOFIA: Dale papá, no es mala idea… yo puedo hacer de moza y no tenemos
que contratar a nadie..
ANA: Vos estás embarazada, no podés andar como si nada…
HORACIO: Además tenés que seguir estudiando…
SOFIA: Pero no voy a poder…
HORACIO: Sí que vas a poder… nosotros te vamos a ayudar.
ANA: Por supuesto… hay gente que tiene un montón de hijos, nosotros
vamos a poder con un nieto…
HORACIO: Ojalá que sea varón así por lo menos podemos ver fútbol juntos…
SOFIA: Bueno, pero en las vacaciones yo quiero trabajar en el
restaurante…
ANA: Ya veremos, pero primero hay que poner en marcha el restaurante…
HORACIO: (Irónico y mirando a Ana)
Podemos poner un restaurante ¡Italiano!
ANA: Horacio…
HORACIO: Le podemos poner “Vito el sublime”
ANA: Horacio, para tu tranquilidad con Vito no concretamos…
HORACIO: ¿Qué significa “no concretamos”?
ANA: Eso, que no concretamos… no llegamos…
MENSAJERO: No hubo intercambio de fluidos.
HORACIO: ¿Salivales?
ANA: Tampoco, pero sí lo hubo de miradas…
HORACIO: (Irónico) ¿Con
musiquita de película?
ANA: Y sin pedos…
MENSAJERO: (Prestando atención
afuera de la casa) Parece que ya paró… es hora de irme…
SOFIA: Quédese a comer… y nos cuenta otra película…
ANA: Sí quédese a comer, el pollo debe estar frio pero lo calentamos en
el horno…
MENSAJERO: ¿Hicieron pollo?
ANA: El que trajo usted, o ya se olvidó…
MENSAJERO: Yo no traje ningún pollo…
ANA: ¿Y entonces, el paquete?
MENSAJERO: No, están equivocados, ese paquete no es para ustedes, es el
crudo que debo llevarlo a la sala de edición…
ANA: ¿Crudo? ¿El pollo crudo?
MENSAJERO: Crudo, se le dice al material que no está editado
HORACIO: Este tipo está loco…
MENSAJERO: ¿Yo soy el loco? ¿Y usted quiere poner un restaurante en su
casa?
HORACIO:…..
ANA:….
MENSAJERO: Es una broma hombre… al director le gustan las bromas…
HORACIO: ¿Qué director?
MENSAJERO: Yo no sé si ustedes son o se hacen… el director, el que
maneja todo…
ANA: Este hombre está pirucho…
MENSAJERO: Mire, yo entiendo que se sientan un poco desorientados, andar
cambiando las cosas así, de un momento a otro, un embarazo, luego perder un
trabajo, el asunto de la infidelidad y que todo suceda en una sola noche es… cuanto menos… confuso… pero bueno
yo he hecho mi trabajo… y yo creo que ya entendieron el mensaje…
HORACIO: ¿Qué mensaje? ¿De quién?
MENSAJERO: ¡Pero, la pucha! ¡Del director! ¡En qué idioma hablo yo!
ANA: ¿Quién es el director? ¿Cómo se llama?
MENSAJERO: Director, cómo se puede llamar un director, dirigen todo el
día, ¿Cómo lo podemos llamar? Di-rec-tor
HORACIO: (Resignado) Bueno, ¿y
cuál es el mensaje?
MENSAJERO: Bueno, ustedes lo vieron, tiene que ver con el guión…
ANA: ¿Qué guión?
MENSAJERO: El de todo esto, de cómo tiene que continuar la cosa…
ANA: (Suspira) Ay, no entiendo
nada…
MENSAJERO: Bueno, si no entiende trate, el mensaje que me dio es que de
ahora en adelante improvisen…
HORACIO: ¿Qué improvisemos?
ANA: ¿El qué hay que improvisar?
MENSAJERO: Lo que sigue. El director tiene esa metodología, da un par de
consignas y luego deja que todo sujeto a la improvisación.
HORACIO: (Sonriendo) ¿Usted
quiere decir que somos algo así como personajes?
MENSAJERO: (Hace un gesto como diciendo “no sé”)
ANA: ¿Cómo en La Rosa Púrpura del Cairo?
MENSAJERO: No, allí el personaje se va de la película, para encontrarse
con Mia Farrow… digamos que se subordina, no está bien eso….
HORACIO: Ah, yo la vi, es la de Schwarzenegger, la que está en una
película de acción y aparece un pibe…
MENSAJERO: La verdad que me asombra la calidad de actores a la que le
presta atención… no sé como le dieron este trabajo…
HORACIO: ¿Pero, todo esto está pautado previamente? ¿Su llegada, lo del
embarazo, lo del italiano, que no haya luz…?
MENSAJERO: (Acomodándose para
salir) Ah, ah, ah… lo de luz es una buena elección, no sabe lo que cuesta
contar una historia con todo esto de las comunicaciones tecnológicas, todos los
guionistas están sufriendo, antes resolvían todo con alguien que escuchaba
detrás de una puerta, pero ahora… nadie habla…todo es mensaje de texto, chat,
red social… fue una decisión drástica del director, porque les digo la verdad,
a mí me da un poco de miedo esto de la oscuridad, pero sí, en un punto la
decisión es efectiva...
PAUSA
MENSAJERO: Bueno, paró de llover
definitivamente, no los molesto más… tengo mucho trabajo…
HORACIO: Bueno…
ANA: Venga a comer al restaurante…
SOFIA: Sí venga…
MENSAJERO: Cómo no, no es mala idea… (sale pero vuelve a entrar) ah, una cosita, ahora cuando venga el
delivery a traerle el pollo, dele propina, el director es chapado a la antigua
y le gusta que la gente dé propina, es un detalle pero no deja de ser importante…
HORACIO: Está bien, hasta luego…
PAUSA
ANA: ¿Volverá la luz?
SOFIA: Ay, sí… ojalá…
HORACIO: No lo sé…
PAUSA
HORACIO: ¿Qué habrá querido decir con que improvisemos?
HORACIO: ¿Qué habrá querido decir con que improvisemos?
ANA: Supongo que podemos hacer lo que querramos…
HORACIO: Creo que me siento más liberado… es decir me seduce la idea de
dejar de trabajar en el banco, qué sé
yo… debe ser agradable no tener un jefe.
PAUSA
ANA: Estuve pensando que un empleado vamos a tener que contratar, se me
ocurre que puede ser Fernanda….
SOFIA: ¿Fernanda, la que limpia en casa?
ANA: Sí, ella trabaja en tres casas más pero sé que le va a convenir
trabajar con nosotros, para ayudarme en la cocina…
ANA: Y, ciertos riesgos hay que tomar, además vos vas a tener que atender
la parrilla y controlar las mesas…
SOFIA: Yo trabajo de moza…
ANA: Sí pero cuando la cosa empiece a andar vamos a contratar un mozo
porque vos ya no vas a poder hacer fuerza… hay que cuidar ese bebé como si
fuera de porcelana…
HORACIO: Por qué no hacemos un cálculo de qué cosas necesitamos, cuanto
dinero
ANA: Dale Hora, Sofi trae una birome y una hoja así lo hacemos…
SOFI: Voy (sale)
PAUSA
ANA: Te tiraste un pedo…
HORACIO: Pero no…
ANA: Yo lo escuché…
HORACIO: Estás delirando…
ANA: (tapándose la nariz)
mmmmmmm, ¡Qué olor a podrido! ¡¿Qué comiste?!
HORACIO: No ando bien…
ANA: No, si me doy cuenta… ¡Qué olor, rajá de acá! ¡Andá al baño y no
salgas hasta que se te pase!
HORACIO: (sale)
ANA: ¡Una película, quisiera ver yo una sola película en que el marido de
alguien se tire un pedo al lado de la esposa!
TELON.
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