viernes, 13 de octubre de 2017

EL MONSTRUO TOCO A MI PUERTA

EL MONSTRUO TOCÓ A MI PUERTA


ESCENA 1

   La acción se desarrolla en el living-comedor de un departamento del centro de la ciudad de Buenos Aires, que pertenece a un músico argentino, que comienza a emerger y a ser conocido por el público.
   El lapso temporal en que sucede es el comprendido entre 1977 y 1980, en tiempos del Proceso de Reorganización Nacional que gobernó la Argentina.
   Es en otoño o invierno.
   La escena está dividida en dos ambientes: un living con un juego de sofá y otro con una mesa y sillas de comedor. Hay instrumentos musicales, adornos étnicos y fotografías.
   Hay una puerta que conduce a la cocina y al baño.     


PERSONAJES
JUAN: músico
MIRIAM: actriz
PABLO: escritor
BETO: Panadero

 JUAN: Qué suerte que pudiste venir Betito…

BETO: Tenía ganes de que nos veamos… desde que te hiciste famoso (sonríe)… no apareciste más por el pago…

JUAN: (Despectivamente) ¡Famoso!, apenas conocido… se puede decir que es la primera vez después de veinte años con la música que puedo vivir de esto.

BETO: Pero siempre viviste de la música, siempre diste clases.

JUAN: No es lo mismo dar clases que vivir de tocar, de hacer presentaciones, es otra cosa… además de que tus canciones comiencen a llegar a la gente… es impagable… un sueño…

BETO: Allá no sabés como te están difundiendo, en el bolso tengo un par de discos que me tenés que firmar, uno para Clara y otro para Diego.

JUAN: ¡Dieguito! ¿Cómo anda Dieguito? ¿Sigue con la pintura?

BETO: Sí, todavía tiene el taller ese, en Amenábar… nos vemos poco… por mi laburo más que nada.

JUAN: ¿Y cómo anda eso?

BETO: Bien, comprar la panadería de mi suegro fue lo mejor que pude haber hecho…laburo como perro… me levanto a las cuatro de la mañana y no paro hasta las ocho, pero es mi negocio… eso es lo importante.

JUAN: odiabas ser empleado…

BETO: No es que lo odiaba, no tengo problemas en ser empleado, lo que no me gustaba era la fábrica, eso de poner empaquetar camisas y guardapolvos todo el tiempo me aburría… por suerte se dio lo de la panadería.

JUAN: Me alegro.

BETO: ¿Por qué insististe que venga a cenar hoy? Clara casi me mata, se tiene que encargar del negocio sola y no sabés cómo putea.

JUAN: Ahora van a venir también unos amigos, no los conocés, me parece que te comenté alguna vez de Miriam, la chica con la que salí un tiempo… ¿te acordás?

BETO: ¿La que es actriz?

JUAN: Esa.

BETO: ¿Pero sigue siendo tu novia?

JUAN: (Duda). Seguimos viéndonos, quedamos bien…

BETO: (Sonríe). Esas cosas de ahora… yo a Paula no la vi más, y cuando me la cruzo ni nos saludamos… y cuando voy con Clara menos, no la puede ni ver…

JUAN: Eso pasa porque vivís en un pueblo chico, allá sí o sí te vas a cruzar siempre, pero acá es distinto, en una ciudad como ésta sólo te cruzás con alguien si querés hacerlo…

BETO: No te gusta Suipacha, ¿no?

JUAN: No, no… no es que no me guste… pero qué iba a hacer yo allá, iba a terminar trabajando de empleado tuyo en la panadería (sonríe)… igual me gusta Buenos Aires, caminás y nunca se acaba, ahora es un quilombo, tenés que andar con cuidado…

BETO: ¿Es para tanto?

JUAN: Sí, no sólo eso… está todo muy raro… cada vez que hablo con el viejo por teléfono me doy cuenta que en Suipacha están en otro mundo.

BETO: Hablando de cosas raras… viniendo para acá me pasó algo muy extraño…

JUAN: ¿Sí?…

BETO: Cuándo venía en el tren me llamó la atención algo… habían subido varios vendedores ofreciendo lapiceras, otro vendía turrones… pavadas  y en la estación de Floresta o Flores, no recuerdo, sube una mujer… tenía un bolso lleno de fibras, ¿viste esas fibras del colegio, las comunes, la de seis colores?

JUAN: Sí

BETO: Entonces, a los que estábamos sentados nos deja una cajita de fibras a cada uno, arriba de las piernas. Miro la cajita y veo que tenía una etiqueta que decía “dar vuelta por favor”, la doy vuelta y tenía una foto de una chica, pero muy difusa, porque era una fotocopia, y decía: Si la ve por favor llame, y tenía un teléfono…

JUAN: ¿Compraste la fibra?

BETO: ¡Ni en pedo! Yo en esas cosas raras no me meto… andá a saber en qué estará metida… y me di cuenta que nadie compró… la mujer pasó y juntó las cajitas y se fue… ni una vendió.

SILENCIO

BETO: Che, ¿y quién más viene hoy?

JUAN: Pablo, un escritor amigo, no es conocido… es reconocido pero no popular… y nadie más, es peligroso juntar mucha gente en estos días.

BETO: ¡Y yo qué hago acá, boludo! ¡Son todos artistas!

JUAN: (Sonrie) Vos también Betito… tus bolas de fraile son mejores que un cuadro  de Picasso…
SILENCIO

BETO: Che, contáme, adelantáme algo … ¿por qué tanta necesidad de que venga hoy?

JUAN: Cuando lleguen Miriam y Pablo les cuento a todos juntos…

BETO: ¿Algo grave?

JUAN: Y… es importante… ¿querés tomar algo?

BETO: Abramos el vino que traje.

JUAN: Dale… (sale)

SILENCIO

JUAN: (Mientras sirve el vino) ¿Lo ves seguido a mi viejo?

BETO: Todos los santos días… no falla nunca… le decimos “Cuartito”, todos los días un cuarto de flauta, y dos tortas negras…

JUAN: Sigue sólo entonces.

BETO: ¿Pero vos hablás con él?

JUAN: Sí, pero no somos de hablar de cosas privadas, no me da para preguntarle si tiene compañera… y sé que si conoce alguna mujer no me va decir.

BETO: La verdad que siempre lo vemos sólo.

JUAN: Y vive en el club…

BETO: Le sacás las bochas, las cartas y no respira más.

JUAN: Yo lo extraño… me hubiese gustado haber ido más seguido… lo que pasa que uno se deja llevar por esta vorágine de cosas…

SUENA EL TIMBRE:

JUAN: Esperá un minuto que bajo abrir…

(MIENTRAS JUAN BAJA BETO OBSERVA LA ESTANTERÍA DE LOS LIBROS, LOS INSTRUMENTOS MUSICALES y LAS FOTOS)

(JUAN VUELVE CON MIRIAM y PAB LO. SE SACAN LOS ABRIGOS Y LOS CUELGAN)

JUAN: Beto, te presento a Miriam y Pablo, unos amigos…

MIRIAM: ¡Ah! ¿Vos sos el famoso Beto? Juan siempre habla de vos.

BETO: Nos conocemos desde que nacimos, fuimos vecinos.

JUAN: Encima el patio era el mismo para los dos.

MIRIAM: ¿Por?

JUAN: Vivíamos en casas contiguas pero en los patios no había tapial, nada…

BETO: ¡Si nos habremos peleado por esa línea divisoria!

JUAN: Hasta que tu viejo plantó la ligustrina…

PABLO: Eso es típico de los pueblos ¿no?, digo, lo de separar con ligustrina los terrenos…

JUAN: Y… era lo más barato.

BETO: Pero también es más lindo, qué sé yo, cuando la ligustrina está crecida no te la cambio por ningún tapial.

JUAN: ¿Quieren probar este tinto?

MIRIAM: Dale.

PABLO: Tengo el estómago vacío pero vamos… te acepto.

 JUAN: Esperá que tengo un poco de queso y salame cortado.

(JUAN SE RETIRA HASTA LA COCINA)


JUAN: (Desde la cocina) ¿vinieron los dos juntos o se encontraron acá en el edificio?

PABLO: No, hablamos por teléfono y quedamos que yo caminaba hasta su casa y desde allí tomamos un taxi.

MIRIAM: ¡No sabés lo que fue ese viaje!

PABLO: En realidad lo que fue el taxista.

JUAN VUELVE CON UNA TABLA DE QUESO Y SALAME

JUAN: ¿Qué pasó?

MIRIAM: Un loco de la guerra.

PABLO: De lo único que hablo fue de todo lo que habría que eliminar en este país para que mejore.

MIRIAM: Escuchá: (Parodiando voz masculina) a los estudiantes que aplazan mandarlos a laburar al sur, a los que están en política echarlos del país.

PABLO: Los  gremialistas a la horca…

MIRIAM: Los que se manifiestan en la calle directamente limpiarlos…

PABLO: Dónde haya casa de chapa pasarle una topadora y mandarlos al sur, y si no quieren salir de las casas pasar la topadora igual…

JUAN: ¿Y ustedes le decían algo?

MIRIAM: ¡No, qué vamos a decir! Si ya te das cuenta que con esos conceptos no podes discutir nada.

PABLO: Encima ahora se sienten que están legitimados… si los de arriban piensan así… es pasar el lampazo nomás… que no quede nada.

JUAN: (Ensimismado) Es triste…

SILENCIO

PABLO: ¿Y? ¿Cómo te preparás para mañana? ¿Caíste ya?

MIRIAM: ¡Qué me contás! Juan Prieto en Teatro Manantiales… ¿cuántas entradas se vendieron? ¿sabés?

JUAN: Hoy al mediodía hablé con Arturo y llegamos a cuatrocientos y pico…

PABLO: ¡Lleno!

JUAN: En realidad entran setecientas personas, pero ya con esto estamos contentos…

PABLO: ¡Qué bueno, Juan! Tanto tiempo luchándola…

JUAN: Es verdad… pero vos fíjate qué cosa ¿no?, si me pongo a pensar la única razón de este éxito se debe a una sóla canción.

MIRIAM: Es que “Prisiones” fue una bomba, yo, ponga la radio que ponga, lo pasan…

JUAN: Sí, ayudó mucho que me llamaran a cantarlo en Sábados Totales, la televisión tiene una penetración con la que no se puede competir.

BETO: Bueno, pero la canción está muy buena, a mí me hace llorar cuando la escucho…

MIRIAM: Sí es verdad, y eso te va a dar la oportunidad que las demás canciones se conozcan más… “La vida” y “Yo espero” son muy lindas y también pueden pegar…

PABLO: Ahora, qué misterio ¿no?, ¿por qué razón una canción es más exitosa qué otras? Yo, por ejemplo tengo como mi preferida a “Rio Suave” pero la última vez que te fui a ver ni siquiera la cantaste… es más siento que la poesía de “Rio Suave” es superior a “Prisiones”

MIRIAM: Parecés el oligarca de Borges hablando así.

PABLO: ¿Por?

MIRIAM: ¡Qué superior ni superior! En el arte no hay nada superior, a unos les gusta y a otros no, es más simple.

PABLO: Bueno, ponele, pero no alcanzo a entender por qué es más exitosa “Prisiones” que “Rio Suave”

JUAN: El motivo no está en la letra Pablito… está en la melodía.

MIRIAM: Claro.

JUAN: La melodía de “Rio Suave” no es tan asimilable, es más compleja, tiene más desarrollo… en realidad la de “Prisiones” siento que es más inspirada.

PABLO: ¿Pero vos crees que la gente valora algo por la melodía y no por la letra?

JUAN: Creo que esto ya lo hablamos Pablo, la poesía no es igual a una letra de canción, no tiene las mismas características. La canción, y esto es una apreciación personal, seduce y conquista por su melodía.

PABLO: Para mí la poesía es fundamental.

JUAN: Mirá, te voy a dar un ejemplo, a vos te gustan Los Beatles ¿no?... bien… y algo de inglés manejás… pero yo te conozco bien y sé que algo de inglés manejás, que si lees la letra podés traducirla, pero en el momento que vos escuchás por primera vez, por ejemplo, Yesterday, o Hey Jude, es imposible que sientas su significado porque tendrías que ¡Pensar en inglés!

PABLO: Puede ser… pero cuando escucho una canción en español siento que la letra me importa.

JUAN: Ya lo sé, a todos nos importa, pero aunque no lo puedas intelectualizar en ese momento -de hecho la música no está para racionalizarla sino para sentirla-, vos estás recibiendo la melodía, porque a diferencia de una poesía, la letra de una canción es indivisible de su melodía.

MIRIAM: (Canta la canción de Palito Ortega) La felicidad jajajaja, es sentir amor oh oh oh 
oh…

JUAN: Bueno, no es el mejor ejemplo.

PABLO: Pero al fin y al cabo es una letra y es una melodía.

JUAN: Lo es… pero ni una ni la otra son tan inspiradas.

MIRIAM: Pero para el gran público lo es, todos la cantan, todos la tararean…

JUAN: El “Arroz con Leche” también…

PABLO: Estás siendo despectivo.

JUAN: No, para nada, esa canción de Palito Ortega, reúne las condiciones de una canción infantil… no estoy haciendo ningún juicio de valor… tiene pocas notas, mucha repetición, poco texto, escasos recursos literarios.

PABLO: Si te saliera algo así…

JUAN: En algún punto, “Prisiones” lo es, no tanto en la letra pero sí musicalmente, no te voy a decir que es pobre, pero es… cómo decirte…

BETO: Simple.

JUAN: Sí simple, sencilla.

BETO: Pasa lo mismo con las facturas, Juan, querés hacer una factura elaborada, cargada de dulces, vistosas y…

JUAN: (Sonríe) Te llevan las medialunas…

BETO: Ajá, apenas un triangulito de masa arrollada.

MIRIAM: (Oliendo en el aire) ¿qué es ese olor?

JUAN: Hice unas empanadas de carne… las tengo en el horno… ya deben estar… me voy a fijar.

MIRIAM: Che, te noté preocupado cuando llamaste ayer… ¿De qué querías hablar?

JUAN: Dame un segundo que te digo…

(SE VA A LA COCINA)

PABLO: (En voz baja) Yo también lo noté preocupado cuando me dijo, es más, cuando le dije que no sabía si iba a poder, noté que se puso mal…

BETO: Yo también me quedé preocupado… igual lo veo bien.

MIRIAM: Sí pero yo lo conozco y él no es así, mucho menos con el recital tan importante que tiene mañana…

(JUAN REGRESA DE LA COCINA)

BETO: Hice dos docenas, falta un poco… espero que alcance.

SILENCIO

MIRIAM: ¿Y?

JUAN: Bueno… no me voy a hacer el misterioso.

PABLO: Te escuchamos.

JUAN: No sé por qué pensé en ustedes tres cuando ocurrió esto… a vos Beto sé que no nos hemos visto seguido durante los últimos años, pero hemos sido casi hermanos, en realidad lo somos, y te veo como el nexo, el punto en común entre mi padre y yo, para mí Suipacha son los días de nuestra infancia, nuestra adolescencia y el viejo, por supuesto… con el que no tengo una comunicación fluida. Cómo vos sabés Beto, él es parco, buen tipo pero muy ensimismado…

BETO: Y sí, apenas le conozco la voz… pero es muy buen tipo…

JUAN:  En tu caso Pablo, sos el amigo de la edad adulta con el que compartimos nuestras necesidades artísticas, ese juego en el que vos sos mi oyente y yo tu lector, y tengo que confesarlo, cada vez que compongo algo o que decido algo te tengo como referente, siempre pienso: ¿qué dirá Pablo de esto, le gustará, le parecerá una pavada?

PABLO: A mí me pasa lo mismo con vos…

JUAN: Y en tu caso Miriam, a pesar de que nos cuesta asumirnos que en algún modo estamos juntos, creo que ya sos parte esencial de mi vida, no sé si alguna vez…

MIRIAM: Pará un poco Juan que me estás asustando, ¡parece como si te fueras a morir!

JUAN: (Niega con la cabeza, serio)

BETO: Sí hermano, decí qué es lo que pasa que nos estamos asustando todos, ¿estás enfermo?

SILENCIO

JUAN: Bien… ayer me llamó Arturo…

BETO: ¿Quién es ese Arturo?

JUAN: Mi representante y el que me hace la prensa… bueno… me llamó para contarme que tuvo una reunión con el director del Teatro porque parece ser que unos tipos que se presentaron como del gobierno querían que me transmitan un mensaje.

MIRIAM: ¿Eran militares?

JUAN: No lo sabe, estaban de civil… pero fueron bastantes autoritarios.

PABLO: ¿Cuál era el mensaje?

JUAN: Lo dijeron así: que me transmitieran la inconveniencia de cantar “Prisiones” mañana en el Teatro.

SILENCIO

MIRIAM: Y qué más le dijeron.

JUAN: Al director del teatro nada más pero después Arturo, que conoce unas personas que están a cargo de eso le dijeron que a los de arriba no les parecía atinado que cantara esa canción y que en caso de que la cantara no se hacían responsables de lo que pudiera pasar.

MIRIAM: ¡Qué hijos de puta!

PABLO: (Riendo incrédulo) ¿Pero por qué?

JUAN: Eso es justamente lo que preguntó Arturo.

PABLO: ¡Pero es inentendible!

BETO: ¿La canción no trata sobre tu papá?

JUAN: Sí, Arturo les explicó que era una canción dedicada a mi viejo y que se refería a las prisiones que mi viejo había sentido teniendo trabajos que no lo conformaban, que era una metáfora.

PABLO: ¡No te puedo creer!

JUAN: Dicen que a lo mejor, si le retiraba una estrofa por ahí podían contemplarlo.

MIRIAM: ¿Cuál?

JUAN: La tercera estrofa, la que dice:
“Sus botas que dejan la huella
Que aplasta la tierra
A paso sentido.
Prisiones que matan los sueños
La calma tortura
De días perdidos”

PABLO: Pero estos tipos no entienden nada.

MIRIAM: No te digo… la estupidez no tiene límites.

PABLO: (Se rie) Claro, dijeron “Botas” y pensaron “Botas de militares”, que aplastan la tierra mientras torturan con calma. Cómo ahora los acusan de que torturan gente…

MIRIAM: Y que matan…

BETO: No entendí, repetime, ¿Cómo dice la letra?

JUAN:
“Sus botas que dejan la huella
Que aplasta la tierra
A paso sentido.
Prisiones que matan los sueños
La calma tortura
De días perdidos”

BETO: Pero es simple, mandale a decir que están equivocados, que es  una canción dedicada a  tu viejo.

JUAN: Arturo se los dijo pero ellos respondieron que no les importa,  que les llegó información de que el público, en los recitales,  cuando llega esta parte, la canta más eufórica y que les preocupa que muchos ponen los dedos en “V”, es decir que para ellos la canción significa lo que para el público significa…

SILENCIO.

MIRIAM: Pero si la cantás ¿qué cosa pensás que puede pasar?

JUAN: Eso es lo que trato de entender… aunque ya me imagino.

PABLO: ¿Y Arturo qué te dijo?.

JUAN: Que no la cante… que ni se me ocurra… que tengo veinte canciones más para tocar.

BETO: Es verdad…

SILENCIO

JUAN: (A Miriam) ¿Qué pensás?

MIRIAM: No lo sé.

JUAN: Vos sos la más…(Duda)

MIRIAM: ¿Politizada?

JUAN: Puede ser, siempre hemos discutido sobre estas cosas…

MIRIAM: ¿Qué increíble, no? Siempre te critiqué por la falta de compromiso en tus canciones… y ahora estás amenazado por estos delincuentes… encima por una letra que nada qué ver…

PABLO: La verdad que no tenés una sóla canción de protesta, todas se manejan en el terreno de lo íntimo… por supuesto que en todas subyace la búsqueda de la libertad.

MIRIAM: Pero para ellos eso ya es subversivo.

PABLO: Y sí, yo cada día me sorprendo más… pero en eso estoy con Juan, detesto la canción panfletaria, para hablar de eso es mejor un manifiesto político…

JUAN: Hay canciones y canciones… de todos modos no me siento un compositor no politizado… en cierto punto hablo de política,

MIRIAM: Sí, pero hay compositores más jugados, que van más al frente con lo sociedad, que se comprometen con la sociedad que viven.

PABLO: A mí me chupa un huevo.

MIRIAM: ¡Epa, qué pasó con Borges, tuvo un exabrupto!

PABLO: Es que me caliento cuando pensás así, y la verdad… querés que te diga algo: te des-erotiza.

MIRIAM: (Rie) a vos te des-erotiza porque sos asexual querido, vivís en las novelas y te comprás el discurso borgeano de que la vida es mejor en los libros que en la realidad.

SILENCIO

JUAN: Bueno… a raíz de todo esto estuve pensando mucho y creo que no tengo opción, necesitaba estar con ustedes porque probablemente… (duda en decirlo) sea la última vez…

MIRIAM: ¿La última vez que qué?

JUAN: No puedo contemplar la idea de que mañana yo no cante “Prisiones”.

BETO: Pero si la cantás ¿qué te puede pasar?

MIRIAM: Cómo viene la cosa, si la canta, lo liquidan.

PABLO: Sí, esto no parece ser joda.

BETO: Es que yo no puedo creer, los que fueron al teatro deben ser unos locos, probablemente subversivos, no pueden ser del gobierno.

JUAN: No, Beto, Arturo habló con gente pesada del gobierno y se lo confirmaron.

BETO: No puede ser.

MIRIAM: Sabés lo que pasa Beto, vos vivís en pueblo tranquilo y estas cosas allá ni se ven, acá la cosa es distinta, yo tengo a mi prima que desapareció y al esposo lo mataron delante de ella… y eso pasó en La Plata. Después hay compañeros míos de la Agrupación de Rosario que también desaparecieron, sabemos de casos de Córdoba y Tucumán, estas cosas ocurren en las ciudades grandes, donde hay universidades, agrupaciones políticas…

PABLO: Dónde hay jóvenes.

MIRIAM: Es verdad.

PABLO: Es como “Diario de la Guerra del Cerdo” de Bioy pero al revés, en la novela los jóvenes salen a matar a los ancianos, pero ahora lo que sucede es que los adultos salen a matar a los jóvenes.

BETO: (Contrariado) Me resulta increíble…

SILENCIO BREVE

JUAN: ¿Sabés algo de tu prima?

MIRIAM: (Sorprendida y disgustada) ¿Por qué querés saber de mi prima ahora?

JUAN: Necesito saber.

MIRIAM: (Duda)

JUAN: No te preocupes por Beto, es un amigo, y si te pregunto delante de él es porque tengo plena confianza…

BETO: (Sorprendido) ¿Por qué tendría que preocuparse por mí?

JUAN: No te preocupés.

MIRIAM: Hace cuatro meses que no tenemos más noticias.

BETO: ¿Qué pasó?

MIRIAM: No lo sabemos, pero coincide justo con la fecha…

BETO: ¿Qué fecha?

PABLO: (A Beto) Estaba embarazada.

MIRIAM: Entraron a la casa, mataron al esposo y a ella se la llevaron, estaba embarazada de seis meses…  Teníamos noticias de ella por medio de un primo de mi tío que es militar y sabíamos que estaba con vida, que la estaban cuidando por su embarazo… pero hace cuatro meses que ya no hay noticias de ella y nos preocupa porque coincide con la fecha de parto.

JUAN: ¿Y ella ya no está en ese lugar? ¿donde decía  ese militar pariente de tu tío…?

MIRIAM: Dice que en el lugar que estaba no está más pero que ya no le dan información.

PABLO: La único que queda por pensar es que para algo querían que nazca el chico, y… (se contiene preocupado)

MIRIAM: Decilo Pablo, soy una mujer fuerte.

PABLO: Es que cuando uno habla desde afuera…

MIRIAM: No te preocupes, ya todos asumimos que mi prima está muerta, la asesinaron después de parir…

BETO: Perdón que pregunte, pero… ¿De qué están hablando?... ¿Quiénes se llevaron a tu prima?

MIRIAM: ¿Quiénes van a ser? Los que están en el gobierno.

BETO: Pero ¿eso no es más propio de los terroristas que de los militares?

MIRIAM: Justamente, mi prima fue acusada de subversiva… de traición a la patria.

BETO: ¿Qué hacía?

MIRIAM: Militaba en la juventud peronista, enseñaba a leer en un barrio pobre de La Plata y el esposo era delegado gremial… nada más… luchaban porque las cosas mejoren.

PABLO: De todos modos eso es lo que a vos te contaba… a ciencia cierta no sabés.

MIRIAM: Bueno, lo que pasa es que vos no conocés a mi prima, no podía matar a una mosca, y Jorge era combativo pero nada más que con la palabra… sucede que los dos quedaron expuestos… como no tenían nada qué esconder daban la cara… quién se iba a imaginar que estos tipos te podían llevar por cualquier cosa.

PABLO: Es una cagada… ¿Y pudieron hablar con las mujeres de la plaza?

MIRIAM: Sí, mi tía es peluquera y una de sus clientas es vecina de una de ellas que vive en Banfield, fue hasta la casa y hablaron, la única solución que tienen hasta ahora seguir protestando los jueves en la plaza y después hacen reuniones para ver qué acción pueden tomar… qué sé yo… ver si la iglesia o algún organismo de derechos humanos… (se conmueve)
PABLO: (La abraza) Vamos… no aflojés…


(SILENCIO BREVE)


JUAN: (APLAUDE COMO QUERIENDO CAMBIAR DE TEMA) Voy a traer las empanadas…

JUAN VA A LA COCINA

MIRIAM (A Beto) Así que tenés una panadería…

BETO: Sí, panadería y confitería… hacemos tortas, postres…

PABLO: Lindo trabajo ¿no?

BETO: La verdad que me gusta, me siento bien, trabajamos mucho pero no me resulta pesado.

PABLO: ¿Te gusta vivir en Suipacha?

BETO: Sí, es tranquilo.

MIRIAM: Yo a veces fantaseo con la idea de irme a vivir a un pueblito pero no creo que funcione.
PABLO: Yo no sabría qué hacer.

REGRESA JUAN DE LA COCINA

JUAN: Creo que en unos minutitos van a estar…

SILENCIO

BETO: (A Miriam) ¿Estás actuando ahora?

MIRIAM: Estoy trabajando sí, por suerte… una obra que hacemos en el Teatro de la Sociedad 
Española… además estoy dando unos talleres de actuación.

JUAN: ¿Cómo va eso? No me contaste.

MIRIAM: Genial, un montón de chicos vienen, me gusta.

BETO: ¿Y la obra en que trabajás es conocida? Bah, yo no conozco mucho, pero…

MIRIAM: No, no es conocida, se llama La Mecedora.

PABLO: La vimos, me gustó…

JUAN: Está buena…

BETO: ¿De qué trata?

MIRIAM: Se encuentran tres hijos en el velorio del padre, y uno de ellos, la hija mujer que lo estuvo cuidando porque era la única que vivía con él tiene tres sobres que el padre le había dejado como legado, uno para cada uno de ellos… y bueno abren los sobres y allí decía sobre qué les dejaba a cada uno, que no era lo que ellos esperaban…

PABLO: Pero lo que está bueno es que el padre se les aparace a cada uno de ellos… hay algo de fantástico ahí.

MIRIAM: Sí, pero en definitiva es una comedia que habla de cómo un padre tienen que contener a sus hijos a lo largo de su vida.

JUAN: El problema es que el padre era comunista… digo “problema” porque hoy es mala palabra.

MIRIAM: ¿Sabés que no?

PABLO: ¿Por?

MIRIAM: Porque el Partido Comunista apoya al Proceso, yo, a pesar de ser “politizada” como decís vos me enteré por esta obra… el director nos contó que le consultó al productor y este le dijo eso, por supuesto que se lo dijeron desde arriba, que una cosa es ser del Partido Comunista y otra ser “comunista”… son cosas diferentes…

JUAN: Es verdad que todo está muy raro.

PABLO: Está todo tan mezclado…

SILENCIO

JUAN: (A Beto) ¿Te dije que Pablo es escritor?

BETO: Sí, si…

PABLO: También soy profesor de literatura, en escuela secundaria.

BETO: ¿Das clases?

PABLO: Sí, en dos escuelas… no me gusta tanto como escribir, pero…

JUAN: ¿Seguís con la novela?

PABLO: ¿Cuál?

JUAN: La que me contaste en el cumpleaños de Franco, que trataba sobre un ciego que mágicamente recupera la visión cuando está preso y lo único que puede ver son los barrotes y las paredes…

PABLO: (Asiente) En realidad no recupera la visión, si no que siendo ciego de nacimiento comienza a ver justo en ese momento.

BETO: ¿Y por qué estaba preso?... porque si era ciego… cómo pudo…

PABLO: Bueno, la historia cuenta que conoció una mujer, se enamoraron, y se lo llevó a vivir con él, como esta mujer pertenecía a un grupo guerrillero, cosa que él sabía, la policía entra a su casa, a ella la matan y cuando descubren que el hombre era ciego lo meten preso. A los días de estar en la celda recupera la visión, pero lo único que puede ver a parte de su cuerpo es nada más que la celda…

JUAN: ¿Y cómo sigue?

PABLO: No tengo la menor idea…

MIRIAM: Bueno, capaz que la historia es nada más que eso… ahí termina.

PABLO: Pero tengo cincuenta páginas, nada más, no puedo ir a la editorial con algo que no se sabe si es un cuento o una novela…

JUAN: Voy a buscar las empandas que ya deben estar. (Se va a la cocina)

PABLO: (Levantando la voz) ¡De qué son las empanadas, Juan!

JUAN: (Desde la cocina) ¡Todas de carne!

MIRIAM: ¿Cómo hiciste el relleno?

JUAN: No te preocupes, no tienen aceitunas.

PABLO: (Poniendo cara de asco) ¿Pasas de uvas?

JUAN: Tampoco, sólo carne, cebolla y ají, sal y pimienta…

JUAN REGRESA CON LA FUENTE DE EMPANADAS.

JUAN: Bueno, comamos y hablemos de otra cosa, así no nos cae mal la comida.

ESCENA 2

LA PRÓXIMA ESCENA TRANSCURRE EN EL LIVING.

MIRIAM: Riquísima la torta…

BETO: De las tortas se encarga Clara, mi esposa, ella las hace, también traje una pasta frola de membrillo que hacemos en la panadería.

JUAN: Esa la dejamos para el desayuno mañana, Beto.

MIRIAM: Mirá vos qué vivo.

JUAN: Te traigo un pedacito si querés.

MIRIAM: (Sonríe) No, estoy llena, comí demasiado.

JUAN: Después la corto, preparo un café si te parece.

MIRIAM: Después… no te preocupes.

SILENCIO BREVE

PABLO: (Mira a JUAN) ¿Y?

JUAN: Y qué…

PABLO: Qué vas a hacer con esto… con la canción sediciosa.

JUAN: Creo que la voy a cantar.

MIRIAM: (Disgustada) ¿Y después?

JUAN: (Mira su reloj) Mañana por la mañana se lo tengo que confirmar a Arturo… Me consiguió unos pasajes de Uruguay a España... a las once vamos a hablar y ahí lo decidimos. En caso de que cante la canción, apenas termine el recital nos vamos para el Delta y una persona que él conoce nos cruza a Uruguay, y pasado mañana ya estoy en Madrid…

MIRIAM: ¡¿Pero vos decidís estas cosas y no consultás con nadie?!

PABLO: ¿Estás hablando en broma, no?

JUAN: A vos te parece que tengo ganas de joder con esto… anoche ni siquiera pude dormir…

PABLO: ¿Y si te dejás de joder y mañana no cantás “Prisiones”?

JUAN: ¿Te imaginás a León sin cantar Sólo le pido a Dios, o que Los Gatos no canten La Balsa?

MIRIAM: (Hace un gesto irónico)

JUAN: Ya sé que no tengo la popularidad de ellos pero para mí, quinientas personas representan lo mismo quizás que las tres mil, cuatro mil o cinco mil de ellos…

BETO: Yo lo pensaría… hacés todo el recital y si ves que al final la gente está contenta te retirás y listo…

JUAN: ¿Sabés que creo? Que ya estoy condenado… porque en todo caso, si se me ocurre no cantarla quedará el peso de la ausencia que puede ser peor… mirá… no me acuerdo qué músico fue… (piensa) pero la historia es que éste m,úsico hace todo su recital y casi al final se quedó sin vos, pero con la mala suerte que le quedaron dos temas, los más conocidos, por cantar, porque justamente se suele dejar esos éxitos para el final, como hace todo el mundo… bueno, a mitad del show se da cuenta que no va a llegar y empieza a eliminar canciones de la lista, pero definitivamente no llega, se quedó sin voz y abruptamente se despide. Claro, imagináte el público, no se movía de sus butacas, quedó en el lugar esperando, cinco, diez, quince minutos, hasta que un loquito de estos que no faltan en el público empezó a cantar una de esas canciones a viva voz, en segundos estaba todo el público cantando… cantaron las dos canciones ¡Tres veces!

PABLO: Un caso en que la obra es más importante que el artista…

JUAN: Eso es la música popular muchachos… ni siquiera les importó que la cante el artista, y te puedo asegurar que se retiraron del lugar más contentos que si la hubiese cantado el cantante… 

MIRIAM: Y si suspendés el concierto por enfermedad…

JUAN: Mirá Miriam, en realidad ahora siento que no tengo opción, que la tengo que cantar…

MIRIAM: ¿Qué te agarró? ¿Un ataque de compromiso, de rebeldía?

JUAN: No sé, las canciones son mis actos de libertad, no me sentiría yo si no pudiera cantarlas, es lo única que la gente espera de mí, y coincide que esa canción, mañana, es la más esperada por todos, si no la canto estaría colocándome mi propio cepo, estaría dejando de ser yo…

MIRIAM: Juan, si en la obra nos decían que el padre no tenía que ser comunista, y querían que fuera simplemente un hombre que trabaja, lo cambiábamos…

JUAN: Vamos Miriam, yo te conozco, no te estás poniendo en la situación, si te decían que tenían que cambiar y que no fuera comunista, a parte de las doscientas puteadas que irías a vociferar te empacarías y no sólo dejás que fuera comunista si no que pedís que se llame Fidel. A parte, seamos sinceros: ya estoy marcado… eso no tiene vuelta atrás…

SILENCIO

JUAN: Va más allá de algo racional… ojalá me sucediera algo mañana, que me quede sin voz, o que cierren el Teatro… pero sé que no va a pasar y sé también que es imposible que no cante Prisiones… y como les digo, si no la cantara esa ausencia será tan honda, tan profunda, tan visible que de todos modos me condenaría, ya estoy condenado….

SILENCIO

PABLO: Ahora vos fíjate que absurdo, por lo que estamos discutiendo, ¡Por una canción! ¡Cómo si fuese un arma letal!

MIRIAM: Y no sólo eso, todo es por ¡una sola estrofa!

PABLO: ¡Y que encima no dice lo que dice que dicen! ¡Una locura!

JUAN: Fijate que hay muchas cosas que nos parecen normales a esta altura, el hecho de que vos Pablo hayas tenido que enterrar esos libros en el fondo de tu casa porque tu compañero de trabajo te contó lo que le pasó a un colega.

BETO: ¿Qué libros eran? ¿Por qué enterrarlos?

PABLO: Por las dudas… ni siquiera yo lo sé.

JUAN: Empieza a ser natural sentir miedo, eso está rigiendo nuestras vidas, el miedo…

MIRIAM: (Llora)

PABLO: ¿Por qué llorás?

MIRIAM: Por eso, por el miedo… el miedo que tengo a que no aparezca mi prima… ni el bebé de mi prima… el miedo a ser la próxima… es una mierda vivir así.

JUAN: (La abraza)…tenemos que aferrarnos al arte, muchachos, sé que el arte será mi tierra hasta que esto mejore… el arte será nuestra tierra.

MIRIAM: ¿Por qué decis “nuestra tierra”? Yo quiero “esta” tierra…

JUAN: Considerá que sólo es una puerta Miriam, yo desde allá puedo preparar todo para que puedas viajar si la cosa se pone complicada.

PABLO: ¿Tan difícil la ves?

JUAN: El monstruo tocó a mi puerta, Pablo. Ayer estaba pensando en todo lo que iba a hacer, programando giras, un disco nuevo… un llamado telefónico hizo que se fuera todo a la mierda… ¿Sabés cuánta gente se está yendo? Pino, el guitarrista de Espíritu, Mercedes, César, Miguel… todos los días me entero que alguien se va… no esperaba que me toque a mí.

BETO: ¿Es para tanto?

PABLO: Eso, no estaremos paranoicos.

MIRIAM: Los paranoicos son ellos…

JUAN: Es verdad, ellos creen que todos somos una amenaza, tanto que al fin ellos se han transformado en la amenaza.

BETO: ¿Pero qué amenaza puedo ser yo?

JUAN: Vos no sos una amenaza, Beto. Tenés un laburo que no molesta a estos tipos, nosotros molestamos, somos los que nos vamos de la regla…

MIRIAM: Somos los que pensamos… los que rompemos el corral…

BETO: Te pido más respeto… yo trabajo pero también pienso… no soy un alienado.

MIRIAM: (Contrariada y arrepentida) Perdón, no era exactamente eso lo que quería decir.

JUAN: Beto es inteligente y te entiende, nos criamos juntos y sé que ama la vida que lleva, lo que sucede es que esa forma de vida es la única aceptada ahora… en algún punto tenés suerte.

BETO: ¿Suerte? ¿Por?

JUAN: Suerte como tiene el viejo, como tienen la mayoría de los que viven en Suipacha.

BETO: ¿Por qué vivimos en un pueblo?

JUAN: No, porque la mayoría tienen trabajos y actividades que no molestan, que no le molestan a ellos… a veces las palabras dicen mucho (lo dice ampulosamente) Proceso de Reorganización Nacional.

MIRIAM: Reorganización…

JUAN: Organizar es la palabra, lo que quieren es que estemos “organizados” pero según sus reglas, que seamos verticales, católicos, derechos, rectos.

MIRIAM: Es así, como el caso de uno de mis compañeros de teatro que se puso un nombre “artístico” pero la verdad es que su intención es no aparecer con su apellido judío.

JUAN: Estamos llenos de miedo… esa es la verdad.

BETO: Pero es que yo no tengo miedo…

JUAN: Por lo que te digo Beto, porque estás en el molde… estás en el canal previsto… no sos judío, ni homosexual, ni militante, ni gremialista… sos un tipo de familia que labura, que se va a pescar, que juega al fútbol los sábados… a veces hubiese querido ser así, en algún punto te envidio.

BETO: Pero yo leo los diarios, yo me informo… hace unos días salió que habían abatido a unos extremistas, inclusive mostraron que tenían armas, no eran nenes de pecho…

MIRIAM: Sí, pero eso es lo que pueden mostrar, eso es lo que quieren mostrar, todo los demás ocurre en las sombras, en la oscuridad.

PABLO: Yo, la verdad, pensé que era un invento de la gente, de mis amigos y de mis colegas, pero cada vez hay más casos de gente que desaparece, ayer mismo estábamos hablando de diez chicos que desaparecieron en La Plata, dicen que están presos pero no te dicen dónde, los acusaron de subversivos.

MIRIAM: Los acusaron pero sin que intervenga la justicia, los “marcaron” y los fueron a secuestrar.

PABLO: Y sí… el tema es que son adolescentes de catorce y quince años…

BETO: Bueno, yo eso no lo creo, así como te dicen una cosa de un lado, también te la dicen del otro, qué sé yo…

MIRIAM: ¡pero son niños!

PABLO: Bueno, ayer, lo que decía un colega que es medio pariente de uno de ellos, es que no es sólo la edad lo insólito del caso, son diez chicos que fueron a buscar a cada uno a su casa en el momento que todos estaban durmiendo.

MIRIAM: ¡Claro, qué clase de guerrilleros son que se dejan atrapar así nomás!… una locura.

JUAN: Por eso, esto no es normal.

JUAN VA HASTA LA CAJONERA Y DEL CAJÓN SACA UN PAQUETE. SE LO ALCANZA A BETO.
JUAN: (A BETO) No te quedés para el recital mañana, apenas amanezca tomate el tren de vuelta… y guardá esto.

BETO: ¿Qué es?

JUAN: Son mis ahorros, necesito que los tengas por si le pasa algo al viejo, vos sabés que mi tío murió, la vieja no está más, y yo soy hijo único. Si le pasa algo, si necesita algo por temas de salud, ayúdalo por favor. Yo por un tiempo no me voy a comunicar para no comprometer.

MIRIAM: Te vas a ir nomás.

PABLO: Como que esto siga así, no va a quedar nadie.

JUAN: Ustedes mejor váyanse, no es bueno estar muy tarde en la calle.

PABLO: Y, la verdad es que ya estoy sugestionado.

JUAN: Bajen, tomen un taxi y vayan a su casa.

MIRIAM: ¿No me puedo quedar a dormir acá?

JUAN: Lo que pasa es que siento que tengo una enfermedad que les puedo contagiar.

MIRIAM: ¿Y qué pensás?, ¿qué ya no estamos contagiados?

PABLO: Hagamos una cosa Miriam, porque yo ahora no me quiero ir sólo (sonríe nervioso), vamos juntos y te quedás a dormir en casa.

JUAN: Ahí está. Eso me parece genial.

MIRIAM: (Compungida)Está bien.

TOMAN LOS ABRIGOS Y SE LOS PONEN.

MIRIAM: ¿Y con las cosas que vas a hacer? ¿Los instrumentos? ¿Los muebles?

JUAN: No te preocupes, Arturo se encarga de todo, me lo envía en unos días…

PABLO: Mañana pasamos por el vestuario a saludarte.

JUAN: No, absolutamente no, no quiero que nadie los vea conmigo… mañana les dedico un tema.

PABLO: Que no sea “Prisiones”.

JUAN: Sería como condenarlos a muerte… sin nombrarlos les voy a dedicar “Si estos días son”.

MIRIAM: Me encanta esta canción (Abraza a Juan)

PABLO: Te vamos a extrañar (abraza a Juan)

JUAN: Vayan, vayan… no se demoren.

MIRIAM: ¿Abajo está abierto?

JUAN: Sí, de adentro se puede abrir… vayan tranquilos.

SALEN

JUAN: Bueno Betito, dormí en mi cama que yo me acuesto en el sofá.

BETO: No, déjame a mí en el sofá que estoy acostumbrado… cuando Clara se enoja me manda al living.

JUAN: Pongo el despertador a las ocho, tomamos unos mates.

BETO: Sí, y me voy para la estación.

JUAN SACA UNAS FRASADAS DEL MUEBLE Y SE LAS ALCANZA.

JUAN: ¿En serio no querés dormir en mi cama?

BETO: No, acá voy a estar bien… déjame pasar al baño.

JUAN: Andá nomás.

BETO SALE EN DIRECCIÓN A LA COCINA. JUAN RECORRE EN SILENCIO EL LIVING COMEDOR CONTEMPLANDO Y TOCANDO SUS COSAS. BETO REGRESA y SE DESCALZA Y SE ACUESTA.

BETO: Bueno, la verdad es que estoy cansado.

JUAN: ¿Te apago la luz?

BETO: Dale, gracias.

JUAN: (Duda como si no le salieran las palabras) En la carta le digo al viejo que me voy porque tengo una muy buena oportunidad en España, económicamente mejor…

BETO: (Asiente)

JUAN: Si te pregunta vos decíle lo mismo, que me viste muy bien y muy contento.

BETO: No te hagás problema Juan.

JUAN: Hasta mañana.

BETO: Chau, viejo.

APAGA LA LUZ

FIN
































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